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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 929

—Con razón, ya decía yo que era muy raro que aceptaras ayudar a Ivana por pura buena voluntad.

Esther Robles hizo un puchero, por fin entendiendo el panorama completo.

Sofía Rojas se mantuvo impasible, sin confirmar ni negar nada.

Maite López, sin embargo, frunció el ceño poco a poco, con un atisbo de preocupación en el rostro.

—Ivana siempre parece querer lanzarse a morderte cada vez que te ve. Y viniendo de Oliver e Isidora, ¿qué tanta credibilidad tienen sus palabras? ¿Por qué te pedirían precisamente a ti que le hagas compañía a Ivana?

Dirigió su mirada hacia Sofía, llena de interrogantes.

Sofía entrecerró los ojos, sumergiéndose en las dudas que Maite había planteado.

Esta vez fue Esther quien, luciendo bastante lista, se adelantó a responder:

—No hay que ser un genio para adivinarlo. ¡Seguro quieren lamerle las botas a Sofía!

Esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo:

—Oliver anda por ahí actuando como el padre del año, ¿pero no es obvio que lo hace por la familia Santana? Probablemente cree que si se porta bien, Sofía no lo olvidará cuando regrese a Santa Fe y hasta logre colgarse de ella para vivir mejor.

Mientras más hablaba, más segura se sentía de su teoría.

—Es una posibilidad real.

Maite no la descartó, pero su tono aún era vacilante:

—Pero Ivana es un factor inestable. En lugar de arriesgarse a que vuelva a insultar a Sofía, ¿no tendría más sentido mantenerlas lo más lejos posible?

Ese pequeño detalle absurdo captado por Maite hizo que la expresión de Sofía se volviera severa.

Tenía razón.

Sofía se frotó las sienes y bajó la mirada, intentando recrear mentalmente todo lo que había pasado en la casa de los Rojas. Cuanto más lo analizaba, más raro le parecía.

Oliver e Isidora habían insistido desesperadamente en que se quedara, primero pidiendo que durmiera allí y, al final, conformándose con un par de horas. Su única prioridad era retenerla en esa casa el mayor tiempo posible.

Sofía se esforzó por recordar cada gesto y palabra. Sintió que una idea clave le rozó la mente por un instante, pero se le escapó antes de poder atraparla.

Con el ceño fruncido, suspiró y terminó por rendirse.

—No pasa nada, no te preocupes. Al menos a corto plazo, no creo que intenten hacer ninguna estupidez.

Su rostro se relajó mientras le lanzaba a Maite una mirada para tranquilizarla.

—Espera.

Justo cuando Sofía estaba a punto de levantarse, Maite cambió de expresión repentinamente, estiró el brazo y le agarró el hombro para obligarla a sentarse de nuevo.

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