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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 699

La abuela soltó un par de gruñidos, como si ya hubiera adivinado lo que Sofía iba a preguntar.

—¿Oliver? —bufó con desdén—. Desde el principio yo no quería que tu madre se casara con él, y fue porque me di cuenta de que ese tipo no valía la pena.

Se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco. Toda su actitud seguía siendo la de una niña traviesa, a pesar de los años.

Sofía la observó y, sin poder evitarlo, su ánimo se alivió. La presencia de la abuela siempre tenía ese efecto: la envolvía en una calidez despreocupada.

—¿Y entonces por qué fue que visitó a la familia Rojas en aquel entonces…?

—¿Qué más podía hacer? —resopló la abuela—. Tu madre ya se había casado con él, así que por lo menos había que guardar las apariencias. De lo contrario, ella no la iba a pasar bien.

El tono de la abuela rebosaba molestia, pero al final suspiró, dejando escapar el aire de quien se resigna. Sofía, al verla tan apesadumbrada, tampoco supo qué decir para consolarla.

Así que la abuela ya sabía desde hace tiempo que Oliver solo se acercaba por interés en la familia Santana. Y aun así, por el bien de Ivana, prefirió hacerse la que no veía, soportando la hipocresía de Oliver.

—Abuela, ¿cuándo piensa regresar a Santa Fe?

Sofía se apresuró a cambiar de tema, sin querer profundizar más en ese asunto.

—¿Qué pasa? ¿Ya te cansé de tanto estar aquí y ahora me quieres mandar de regreso a la fuerza? —la abuela la miró con ojos grandes, fingiendo indignación.

Por supuesto que Sofía sabía que la abuela no estaba enojada de verdad. Sonrió y la tranquilizó:

—Yo sé que vino a vernos a nosotras, pero allá en Santa Fe tiene su empresa. No es justo tenerla aquí tanto tiempo, descuidando sus cosas.

La abuela se estiró sin darle importancia.

—¿Y eso qué? Si por irme unos días la empresa se viene abajo, entonces ¿para qué los tengo trabajando ahí? Mejor que se vayan todos a su casa y me dejen el lugar vacío.

Las palabras de la abuela resonaron fuertes y claras. De un segundo a otro, la anciana cariñosa se transformó en toda una jefa de carácter firme.

—Eres una chava fuerte y valiente —le respondió la abuela, conmovida, apretándole la mano con orgullo.

...

El ambiente en el hospital rebosaba calidez. En cambio, en la comisaría la cosa era muy diferente.

Olivia estaba esposada a una silla, con la cara llena de molestia.

—¿Saben quién soy? ¿Saben quién es mi papá? Ya les dije quién fue el culpable, ¿por qué no lo van a buscar a él y me dejan en paz?

No paraba de moverse, haciendo que las cadenas de la silla tintinearan con cada tirón.

—Tú solo denunciaste a tu cómplice, pero tú eres quien planeó todo. ¿Ya te cayó el veinte? —El policía le dirigió una mirada severa, pero no alzó la voz.

La verdad, ese lugar era bastante delicado. No sabían bien quién era Olivia, pero su actitud desafiante dejaba claro que tenía algún respaldo importante. Eso hacía que el policía no se atreviera a actuar sin pensar.

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