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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 847

Alfonso sentía que la cabeza le iba a estallar.

Se obligó a sí mismo a salir del pasado.

Jimena ya no era simplemente su hermana mayor.

Pero...

Alfonso bajó la mirada; la lucha interna y la duda cruzaron por sus ojos.

Aunque Jimena solía usar una cara sonriente y palabras aparentemente amables para hacerle pasar situaciones difíciles de prever, nunca lo había lastimado de verdad.

El mundo de los negocios es como un campo de batalla. Si llegaba el momento en que realmente tuviera que enfrentarse a ella...

Alfonso se mordió el labio.

Cansado e irritado, se recostó en la silla, y en su mente apareció la imagen de la señora Castillo.

Ella, en realidad, no era muy diferente de Jimena.

Una quería el estatus de su posición, la otra quería que él se sentara ahí tranquilamente.

Todos decían que él era un niño genio, que entendía todo al instante.

Pero solo él sabía cómo lo presionaba la señora Castillo cuando era pequeño.

A veces también sentía odio y rencor, pero pensándolo bien, parecía que nunca fueron problemas graves.

Alfonso se masajeó las sienes.

Si Jimena realmente se estaba aliando con extraños para conspirar contra el Grupo Garza, dada su posición, él debería tratar el asunto con severidad.

Si llegaba ese día, ¿realmente podría hacerlo?

Aunque detestaba su hipocresía y despreciaba su falsa bondad, la frase «la sangre llama» no era un disparate.

Alfonso sentía la cabeza pesadísima, así que se obligó a no pensar más.

Finalmente, levantó los ojos. Ya no eran las pupilas juveniles, claras como canicas de vidrio y llenas de ímpetu, sino que traían una frialdad reflexiva.

Jimena, por favor, no me lo pongas difícil.

***

Olivetto.

—¡Rin, rin!

Sonó el teléfono y Sofía miró instintivamente la pantalla del celular.

Era una llamada de Santa Fe.

Se extrañó.

Tenía guardados los números de los Santana, pero este número aparecía sin contacto.

—¿Bueno?

Contestó. Hubo un silencio al otro lado por un momento, y luego se escuchó una voz clara:

—Sofi, soy yo.

—¿Alfonso?

Sofía detuvo lo que estaba haciendo, muy sorprendida.

—Es el teléfono de la oficina.

Antes de que Sofía preguntara, Alfonso se adelantó a explicar.

Sofía se sorprendió de lo bien que la conocía, pero pronto reaccionó:

—¿Estás en la empresa a estas horas? ¿Por qué me llamas de repente?

La mirada de Sofía se agudizó.

El hombre al otro lado apretó el teléfono con más fuerza.

Su intención original era solo hablar con Sofía, contarle algunas pequeñas molestias, y no decirle las cosas más caóticas para que no se preocupara. Pero no esperaba que ella fuera tan ágil mentalmente.

Y si realmente era como decía Alfonso, eso significaba que Jimena llevaba mucho tiempo planeando algo contra el Grupo Garza.

—¿Sabes quién es su socio?

—No estoy seguro, pero lo más probable es que sea algún pariente lejano de los Castillo.

—Por lo que dices, ella debe ser una persona con mucha astucia. Pero alguien así, ¿por qué estaría dispuesta a dividir los frutos de su arduo trabajo con otra persona?

Esa frase la dijo Maite.

Ella solo planeaba entregar un documento, pero al acercarse vio la expresión vacilante de Sofía.

—La familia Castillo valora más a los varones. Una mujer tiene que esforzarse el doble y dar resultados extraordinarios para que apenas la comparen con los hijos varones promedio de la familia.

El tono de Alfonso era pesado, trayendo consigo una culpa casi imperceptible.

En realidad, él no ignoraba por qué Jimena se había vuelto así.

Pero en aquel entonces no tenía poder para cambiarlo, y ahora habían llegado al punto de ser enemigos.

La expresión de Sofía tampoco se relajó.

—¿Puedo ayudarte en algo?

Sofía se sentía realmente en un dilema.

—Con que existas, basta.

Esas pocas palabras parecieron agotar toda la fuerza del hombre; dichas con una voz grave y magnética, inexplicablemente tenían un toque seductor.

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