Jasper parecía dudar mucho; lo pensó una y otra vez antes de bajar del auto.
Iba a seguir a Sofía adentro, pero justo cuando iba a dar un paso, Esther lo detuvo.
—Tengo que hablar contigo, ven acá.
Miró a Jasper de reojo y les mandó un mensaje a Sofía y a Maite para que esperaran adentro.
Jasper frunció el ceño, pero la siguió.
Ambos se pararon fuera de la casa, de espaldas a la ventana.
Esther frunció el ceño y lo escaneó de arriba abajo.
—No creo que te hayas rendido. Habla, ¿qué pretendes con esa actuación?
Curvó los labios y se cruzó de brazos, mirándolo con desdén.
Jasper apretó los labios con resignación; su fachada de elegancia y nobleza se resquebrajó un poco.
Bajo la mirada inquisidora de Esther, no tuvo más remedio que suspirar:
—Claro que no me he rendido.
Para Esther era obvio. Arqueó una ceja invitándolo a continuar:
—¿Entonces a qué viene esa actitud?
Jasper no sabía cómo decirlo.
—Si no dices, le grito a Sofía y mejor lárgate.
Esther puso los ojos en blanco; claramente le repugnaba cada movimiento que él hacía ahora.
Jasper tuvo que detenerla rápido, con una mueca de impotencia.
—¡Está bien!
Esther se detuvo y lo miró esperando la explicación.
La calma de Jasper se rompió por completo; en un instante su cara se puso roja como un tomate.
—Fui a Santa Fe.
—Ajá.
—A la Universidad de Santa Fe.
—Ajá.
—Investigué su pasado.
—Ajá... ¿y?
—Y ahora... ¿corro o entro? Si entro, ¿sigo fingiendo o vuelvo a ser yo?
Se metió las manos en el pelo, gimiendo de angustia.
Al ver a ese hombre que casi parecía haber involucionado, Esther lo miró con alivio.
Esa sensación familiar había vuelto por fin.
—Mejor entra.
—Toc, toc.
La voz y el sonido de golpes en la ventana sonaron al mismo tiempo.
La espalda de Jasper se puso rígida. Giró la cabeza centímetro a centímetros como un muñeco, y a través del enorme ventanal, vio a Sofía sonriéndole desde adentro.
El calor le subió de las mejillas a la frente; Jasper puso los ojos en blanco y casi se cae.
«Ya valió».
Era lo único que tenía en la cabeza.
En un abrir y cerrar de ojos, la escena cambió.
En la sala cálida y acogedora, Jasper estaba sentado en el sofá sin atreverse a levantar la cabeza, lo que hacía parecer que Sofía, sentada frente a él, lo estaba interrogando.

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