Justo cuando Camilo sacaba la caja del maletín, el médico de urgencias salió al pasillo.
—¿Son los familiares de Iris Paredes? —preguntó—. Acérquense un momento para darles las indicaciones médicas.
Fabián echó un vistazo a la caja y decidió que no era el momento adecuado para abrir el regalo.
—Primero encárgate de tramitar el alta de mi esposa —le ordenó a su asistente.
Camilo guardó la caja, asintió y siguió al médico a su oficina.
Cuando Iris estaba lista para irse, su mirada se topó con los ojos helados de Fabián.
Él estaba parado en el umbral de la puerta, proyectando un aura intimidante.
—Vámonos a casa —soltó con sequedad.
Era obvio que estaba molesto por haber tenido que dejar a Bárbara para ir a buscarla.
De repente, la memoria de Iris viajó al accidente de auto de hacía dos años.
Cuando despertó, la primera persona que vio fue a él.
Los paramédicos y la policía le dijeron que había sido Fabián quien llamó a emergencias y la sacó de los escombros para subirla a la ambulancia.
Él le había salvado la vida.
Después del rescate, sufrió una conmoción cerebral grave que incluso la dejó ciega temporalmente.
Desde niña solo tenía a su madre, pero ella estaba demasiado enferma como para cuidarla, y tampoco quería preocuparla.
Su amiga Natalia acababa de cambiar de carrera y estaba abrumada de trabajo; no quería ser una carga para ella tampoco.
En aquellos días oscuros, la compañía de Fabián fue su único consuelo. Él la ayudó a superar el trauma del accidente y a recuperar su salud.
Poco a poco, su gratitud inicial se fue transformando en amor. Y, aunque él siempre había sido reservado y distante, de vez en cuando mostraba gestos que ella interpretó como correspondencia.
Había llegado a creer que él también la amaba.
Más tarde descubrió que existía un acuerdo de matrimonio entre las dos familias, y su unión pareció algo natural y lógico.
Habían compartido momentos de dulzura, pero no sabía exactamente cuándo él había empezado a alejarse, absorbido por el trabajo y cada vez más frío con ella.
Tal vez, desde entonces ya la había reemplazado en su corazón.
Al pensarlo así, sintió un extraño alivio.
Al menos el amor verdadero entre él y Bárbara no había comenzado antes que su relación.
No eran unos antiguos amantes separados por el destino ni se estaban reencontrando.
Ella no había sido una simple intrusa en su épica historia de amor.
Simplemente, él se había enamorado de otra persona y había dejado de amarla.
Al recordar cómo él amaba a Bárbara, pero se negaba a divorciarse y dejarla en paz...
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Embarazada de tu rival: Ahora soy la Señora Fonseca