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Embarazada de tu rival: Ahora soy la Señora Fonseca romance Capítulo 9

No había ni una pizca de remordimiento en la mirada de Fabián.

Él deslizó su mano desde el hombro de ella hasta su muñeca herida, presionando el corte para detener el sangrado. El deseo en sus ojos había desaparecido por completo, dejando solo una frialdad cortante.

—¿Por qué huyes? ¿Acaso ya no quieres tener un hijo?

Al sentir el frío de su piel, ella retiró la mano de un tirón.

La sangre comenzó a escurrir por su suave piel, creando una imagen escalofriante. El dolor se hizo aún más agudo y, con la voz cargada de ira, estalló:

—¡No me toques! ¡No quiero nada contigo!

El hombre frunció el ceño y dio un paso hacia ella. Su mirada oscura estaba cargada del instinto de dominio de quien está acostumbrado a mandar, y habló con absoluta frialdad:

—No olvides tus responsabilidades como la Señora Salazar.

*¿Responsabilidades?*

Recordó cuando se casaron, cómo ambas familias habían planificado cuántos hijos debían tener para asegurar la herencia empresarial.

Fue un acuerdo frío y sin sentimientos, pero ella, en su ingenuidad, se había ilusionado.

*Pero, ¿él alguna vez había puesto de su parte?*

Con la excusa de que su carrera era lo primero, la había dejado sola soportando la presión de sus suegros y las burlas venenosas de Bárbara y su madre durante dos largos años.

Cuando ella había querido intentarlo, él se negaba.

Y ahora, ella ya no quería.

Iris clavó sus ojos en el rostro de Fabián, que se ensombrecía cada vez más, mientras las lágrimas de dolor y humillación se acumulaban en sus ojos.

—¡Esa ya no es mi responsabilidad! ¡Ve a buscar a tu...!

—¡Hermana!

Bárbara irrumpió en el vestidor, poniéndose entre los dos e interrumpiendo sus palabras.

—No debí romper la foto de su boda —dijo con voz compungida—. Pero no tienes que castigarte así, lastimándote a ti misma. Y mucho menos deberías culpar a Fabián, ¿verdad? Voy a buscar el botiquín para curarte.

Al ver el numerito teatral de Bárbara, Iris se tragó las lágrimas y soltó una carcajada amarga.

—Guárdate tu hipocresía.

—De verdad quiero ayudarte, hermana —respondió Bárbara, poniendo cara de víctima.

Fabián le lanzó una mirada gélida a la mano ensangrentada de Iris.

—Que asuma las consecuencias de sus actos. No te preocupes por ella.

Se dio la vuelta y se marchó. Al ver su espalda, imponente pero carente del más mínimo afecto, Iris reprimió el dolor que le desgarraba el alma.

Cuando alguien no te ama, no le importa en lo más mínimo verte sangrar.

Debió haber entendido eso hace mucho tiempo.

*Pero, entonces, ¿qué significaban todos los días que pasó a su lado cuidándola después de que le salvó la vida?*

Sintiéndose validada por Fabián, Bárbara se acercó y le susurró al oído con pura burla:

—¿Tu jueguito de seducción no funcionó y ahora intentas dar lástima? Te sugiero que te bajes de tu nube, hermana. Mientras yo esté aquí, ni sueñes que podrás acercarte a Fabián.

Solo quedaban veintinueve días.

No iba a permitir que se quedaran a solas ni un solo segundo. No le daría a Iris la más mínima oportunidad de hacerle cambiar de opinión.

Capítulo 9 1

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