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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 273

—¿Tú… tienes novio?

César se veía genuinamente confundido.

Si Gloria de verdad tenía novio o esposo, ¿para qué habría aceptado una cita?

Se lo habría dicho desde el primer día que él decidió perseguirla.

Gloria se quedó sin palabras.

No pudo responderle al instante.

César se quedó pensando un momento y luego se recompuso.

—Perdón. ¿No te causé problemas, verdad?

Se refería a sus mensajes diarios y a los rumores en la empresa.

A ver si el papá del bebé se había enterado.

—Perdón, me pasé —dijo Gloria, inclinando un poco la cabeza.

Lo de Lucía la traía al límite, con el ánimo por los suelos.

No tenía cabeza para nada y se le salió.

Decir que estaba embarazada no era el gran tema; César no tenía trato con Federico.

Pero su tono sí había sido duro.

—No te preocupes —César se hizo a un lado, marcando distancia—. Vine por mi mamá, ya la van a dar de alta. Me están esperando, no te quito más tiempo.

Gloria asintió otra vez.

Se separaron en la entrada del hospital, cada quien para un lado.

Gloria regresó a casa. Virginia seguía dormida.

Gloria cuidó al bebé hasta que ya era hora de comer; apenas entonces Virginia se levantó.

Virginia se dejó caer en el sillón, recargó la cabeza en el hombro de Gloria y estiró los brazos para jalar al bebé que Gloria traía cargando.

—Oye, ¿así no va a terminar queriendo más a su madrina que a su mamá?

El bebé balbuceó, como contestándole.

Gloria se rió.

—Aunque yo lo cuide más, siempre va a ser más pegado a su mamá.

Ayer andaba muerta de sueño y se durmió temprano.

Virginia se había quedado despierta como media hora más y aun así le cayó un regalo así.

—Cuando vuelva a caer, te aviso —Virginia le guiñó un ojo—. A ver si está guapo. Por la voz, se oye del norte, bien entrón para hablar.

Gloria frunció tantito el ceño.

—¿Y tú cómo le escuchaste la voz?

—Lo agregué en Messenger —Virginia se rascó la cabeza—. El tipo insistió en el live, quería mi Messenger. No supe cómo decirle que no.

Tenía una cuenta de trabajo solo para fans.

—Nada más aguas. No te claves, ni te emociones de más. Y no te dejes llevar.

Virginia parecía lista, pero en el fondo era impulsiva y medio ingenua.

A Gloria sí le preocupaba que la vieran la cara.

—No te apures. Yo sé cómo llevarlos: pura respuesta formal y ya. En unos días se aburren y se van.

Virginia agitó la mano, como si nada.

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