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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 380

Gloria se quedó a medias con el movimiento de tomar las cosas. No le quedó más que sentarse a comer.

En el silencio, el choque de platos y cubiertos sonaba bajo pero nítido.

Media hora después, sin hablarse, ambos se levantaron como si estuvieran coordinados y se fueron.

Al salir se enteraron de que la señora Mendizábal ya había pagado.

—Otro día invítala tú, y le devuelves el favor —ordenó Federico.

Gloria iba un poco detrás, a su derecha. Al dar vuelta al final del pasillo, asintió.

—Sí, señor Córdoba.

Apenas terminó de hablar, sintió que le apretaban la cintura y Federico la jalaba hacia su pecho.

En la esquina había un privado; un mesero venía rápido con una charola.

Federico, por miedo a que Gloria chocara, la atrajo hacia él.

Pero el mesero empujó una puerta y entró; ni siquiera venía hacia ellos.

Gloria se asustó. Se cubrió el vientre con una mano, con la cara pegada a su pecho.

Pasaron unos segundos. Ella empujó a Federico, se enderezó y lo miró, sorprendida.

—Había alguien —explicó Federico, como si nada.

Gloria volteó. En el pasillo no había ni un alma.

Frunció el ceño. La pregunta que iba a soltar se le atoró en la garganta cuando, de pronto, vio una silueta al fondo que se escabulló de golpe.

Era Martina Arrieta. Su panza, tan abultada, era imposible de confundir.

Y el flash del celular al tomar la foto fue tan fuerte que le ardieron los ojos a Gloria.

—Vámonos —dijo Federico, y se fue con paso largo, dejándole a Gloria solo su espalda, ancha de hombros y estrecha de cintura.

Un simple instrumento.

Esa idea le cruzó la cabeza.

En ese momento, Gloria entendió con claridad cuál era su lugar para Federico.

Federico no estaba “actuando” para usarla como fachada; para él, Gloria era una herramienta que ni siquiera merecía estar enterada.

Gloria caminó por el pasillo, bajo las lámparas oscuras, mirando al hombre de espalda recta que iba delante.

El viento nocturno que entraba por las ventanas le revolvió el ánimo: irritación y una tristeza agria.

En la entrada del restaurante, Federico salió antes y se quedó junto al coche, esperándola.

Gloria sacó las llaves de la bolsa.

—Señor Córdoba, mejor llévese el coche. Virginia anda cerca; al rato viene por mí.

Capítulo 380 1

Capítulo 380 2

Capítulo 380 3

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