—Doctora, me metí en el matrimonio de otra persona y tuve un hijo a escondidas de mi novio. ¿Soy una mujer muy inmoral?
Elara Rosales era psiquiatra. Ese día le tocaba cubrir las consultas en línea, y esa fue la primera pregunta que le hizo su nueva paciente.
La otra, una infidelidad, un hijo ilegítimo.
Semejante situación, tanta falta de moral...
No era de extrañar que buscara una consulta anónima por internet.
Elara, manteniendo su profesionalismo, tecleó en su computadora:
—¿Se siente cómoda dándome más detalles sobre su situación?
—Nuestras familias son amigas de toda la vida. Él y yo somos amigos de la infancia, almas gemelas. Nuestros padres estaban encantados con la idea de unirnos, pero justo cuando estábamos a punto de comprometernos, él se enamoró de otra. Y para complacer a esa mujer, me obligó a irme del país.
Elara dejó escapar un suspiro.
El amor de toda la vida no pudo competir con la novedad. Una verdadera tragedia amorosa.
Cualquiera se volvería loco al pasar por algo así. Era comprensible que tuviera problemas emocionales.
Ella siguió tecleando:
—Continúe, la estoy leyendo.
Un buen psiquiatra debe ser, ante todo, el mejor de los oyentes.
—Tampoco soy una arrastrada. Después de irme al extranjero, para olvidarlo, me conseguí un novio. Pero el mismo día que hice oficial mi nueva relación, él vino a buscarme a espaldas de su esposa. Y volvimos a estar juntos.
—Sé que está mal, pero no puedo resistirme a él. Al poco tiempo quedé embarazada y tuve a nuestro hijo en secreto, sin que mi novio se enterara.
—En su momento, le ofrecí dejar a su esposa para estar conmigo y no quiso. Ahora, no pienso dejar a mi novio por él.
—Doctora, ¿sabe una cosa? Cuando di a luz, su esposa también estaba a punto de tener a su bebé, pero él eligió quedarse a mi lado. ¿No cree que eso demuestra cuánto me ama?
Ser la amante a propósito, tener un hijo con él, enredarse con un hombre casado y, al mismo tiempo, no soltar al novio oficial. ¡Qué clase de mentalidad retorcida era esa!
Elara no podía evitar preguntarse si cosas así realmente pasaban en la vida real.
En comparación, ella era una mujer inmensamente afortunada.
Su esposo, Dylan Lucero, también tenía una de esas amigas de la infancia, una tal Nina Salinas.
Cuando Nina se enteró de su relación, hizo hasta lo imposible por separarlos, pero terminó provocando la furia de Dylan, quien la envió lejos del país sin miramientos.
Después de eso, la vida de Elara y Dylan había sido cálida y llena de felicidad. Ahora, con más de ocho meses de embarazo, estaba a solo unas semanas de dar a luz.



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