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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 2

—¿Cómo que qué te importa? ¿Y si intenta hacerte daño otra vez? ¿Ya olvidaste por qué la echaron del país?

¿Cómo iba a olvidarlo Elara?

Para arruinar su boda con Dylan, Nina había sido capaz de ponerle una droga en la bebida el mismo día de la ceremonia, con la intención de que otro hombre abusara de ella.

Por suerte, Dylan se dio cuenta a tiempo. Consumido por la furia, agarró a Nina por el cuello, apretando con todas sus fuerzas.

Fue la primera vez que Elara vio a Dylan perder el control de esa manera. Tenía los ojos inyectados en sangre, las venas del cuello y la frente a punto de estallar, y una mirada tan oscura y letal que daba terror.

Si Viviana, la madre de Dylan, no hubiera llegado a tiempo para separarlos, él realmente la habría matado.

Después de eso, Dylan obligó a Nina a irse del país. Incluso prefirió pagar penalizaciones millonarias con tal de romper cualquier tipo de lazo comercial con el Consorcio Salinas. Fue un escándalo que sacudió a toda Solsepia.

De hecho, en los círculos de la alta sociedad todavía se repetía una advertencia: métete con quien sea, menos con la esposa del señor Lucero, porque nadie sobrevive a su furia.

—Me acabas de decir que tiene un hijo. Eso significa que ya rehízo su vida. ¿Por qué querría hacerme daño ahora?

—Buen punto. Además, Dylan te ama demasiado. Aunque a esa víbora se le ocurriera algo, él jamás permitiría que se saliera con la suya.

Elara iba a responder, pero la llamada se cortó abruptamente.

Seguro Aurora tuvo alguna emergencia en el trabajo.

Justo en ese momento, un nuevo paciente ingresó a la sala virtual, así que Elara retomó sus consultas.

A las cinco de la tarde, apagó la computadora y terminó su turno.

Dylan le había insistido desde hace tiempo en que pidiera su licencia de maternidad para descansar en casa, pero ella era una pieza clave en el departamento de psiquiatría, y el director le había pedido que ayudara a guiar a los nuevos internos.

Además, tampoco quería quedarse en casa sin hacer nada, así que decidió seguir el estándar habitual: tomaría su licencia solo quince días antes de la fecha prevista del parto.

Elara salió del hospital acariciando su abultado vientre. Lo primero que vio fue a Dylan recostado contra su auto, hablando por teléfono.

Llevaba un traje gris claro hecho a medida que resaltaba su figura alta y estilizada, marcando a la perfección el perfil de su rostro.

Esa imagen la hizo retroceder tres años en el tiempo.

En aquel entonces, ella todavía estaba estudiando su doctorado y Dylan acababa de tomar las riendas del Consorcio Lucero. Él la esperaba junto a su auto, con un traje impecable, y luego se arrodilló con un anillo para pedirle matrimonio.

La familia Lucero se opuso rotundamente a la relación. Ella venía de una familia común y corriente, mientras que los Lucero eran los más ricos de Solsepia. La diferencia de clases era abismal.

Con los pies en la tierra, ella lo rechazó en ese momento.

Lo que realmente la convenció de unirse a la familia Lucero fue algo que ocurrió una fría noche de invierno.

El viento soplaba con fuerza y llovía a cántaros. Ella estaba acurrucada bajo las sábanas en el dormitorio del hospital, chateando con él. Sin pensarlo mucho, le mandó un mensaje diciendo que se moría por un pollo frito crujiente y caliente.

Dylan solo respondió: *Dame un momento.*

Ella pensó que estaría ocupado. Pero media hora después, la llamó pidiéndole que bajara.

Capítulo 2 1

Capítulo 2 2

Capítulo 2 3

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