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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 24

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—¿Quién tomó un vuelo? —preguntó Santiago.

—Perdón, Santiago, necesito hacer una llamada.

Santiago notó que algo andaba muy mal con ella.

—Claro, tómate tu tiempo, no te preocupes.

Elara intentó sacar su celular de la bolsa, pero por alguna razón el cierre se había atorado.

—¿Por qué no abre?

—Yo te ayudo —dijo Santiago, y le destrabó el cierre.

—Gracias.

Elara sacó el teléfono. Al marcar el número de Dylan, sus manos temblaban incontrolablemente.

El tono sonó por un buen rato antes de que él contestara.

—Hola, Elara. ¿Ya comiste?

Elara apretó el celular con fuerza y no respondió de inmediato.

—¿Elara? ¿Por qué no dices nada? ¿Pasó algo?

Al escuchar la genuina preocupación en la voz de Dylan, su angustia cedió un poco. Tragó saliva y se esforzó por sonar lo más normal posible.

—Aún no, voy a comer en un rato. ¿Ya regresaste a Solsepia?

—No, todavía no termino con los pendientes aquí. Pero ya casi acabo, en un par de días regreso.

Elara ya no prestó atención a lo que Dylan dijo después. En su cabeza, solo retumbaba la palabra *no*, repitiéndose como un disco rayado.

*No. No. No...*

Cada vez más fuerte, cada vez más insistente.

Estaba claro que ya había vuelto a Solsepia. ¿Por qué le mentía?

De pronto, recordó la noticia de chismes de la noche anterior, la foto donde se veía la silueta de Dylan. ¿Acaso nunca fue a Altamira?

—¿Elara? ¿Me estás escuchando?

La voz de Dylan la trajo de vuelta a la realidad.

—Voy a comer —dijo ella apresuradamente, y colgó.

Se quedó de pie, paralizada, como si le hubieran robado el alma.

Santiago estaba realmente asustado al verla así.

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