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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 30

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

¿Pelear?

A Elara le asqueaba que su madre trivializara así la situación, como si ella fuera una niña haciendo berrinche.

Pero no se molestó en corregirla; si lo hacía, Elena terminaría echándole en cara que solo usaba palabras rebuscadas para humillar a su madre, que apenas había terminado la escuela.

Se limitó a asentir.

—Entendido.

A la hora del almuerzo, llegó Aurora Quiroga. Se sentó en el borde de la cama y le apretó la mano.

—¡Estuviste más de dos horas en cirugía! ¡Una cesárea normal dura una, a lo mucho! Casi me matas del susto.

Al decir eso, a Aurora se le empezaron a salir las lágrimas.

Elara sintió una calidez inmensa en su interior; también se le aguaron los ojos y levantó la mano para secar las lágrimas de su amiga.

—¡No te muevas! —la regañó Aurora, limpiándose rápido el rostro.

Elara sonrió.

—Está bien, no me muevo.

—¿Cómo es que te estás riendo?

Aunque tenía los ojos cristalizados, la sonrisa de Elara era genuina y llena de alegría.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que llore?

Aurora se quitó la última lágrima con el dedo.

—Por favor, ya no vuelvas a tener hijos. Casi no la cuentas.

Elara, llorando y sonriendo a la vez, asintió.

—Te lo prometo.

Alguien que se preocupaba de verdad por su vida y no por su estatus dentro de los Lucero. Eso sí era amor verdadero.

—No llores, sabes que es malo durante la cuarentena —dijo Aurora, limpiándole el rostro con cuidado—. Ahora sí, cuéntamelo todo. ¿Qué fue lo que pasó?

Elara no le ocultó absolutamente nada a su mejor amiga. Le detalló cada pequeña cosa que había ocurrido.

Aurora enfureció a tal grado que salió al instante hacia la sala de estar y le armó un escándalo a Dylan, llenándolo de insultos. Al volver a la habitación, le preguntó:

—¿Qué vas a hacer ahora?

A ella todavía le hervía la sangre de coraje, así que esperaba que Elara no pensara perdonarlo.

—¿Vas a pedirle el divorcio?

Elara se quedó congelada. ¿Divorcio?

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