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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 447

Una sonrisa amarga y nostálgica apareció en los labios de Renato.

—Porque es Elara.

Era la mujer que había guardado en lo más profundo de su corazón durante más de una década. Frente a la entrega desesperada de la mujer que amaba, no tuvo resistencia alguna.

Matilde no entendió.

—¿A qué te refieres?

Renato bajó la mirada, acariciando suavemente su pulsera de madera con sus largos dedos.

—El año que me secuestraron y desaparecí, fue ella quien me salvó. Sin ella, yo no estaría vivo hoy.

En aquella noche nevada, si Elara no lo hubiera llevado al hospital ni le hubiera dado las fuerzas para seguir viviendo, él habría muerto.

El corazón de Matilde tembló al escucharlo. Jamás imaginó que ambos compartían un vínculo tan profundo.

—¿Entonces se conocen desde hace quince años?

Renato negó con la cabeza.

—En aquel entonces, solo yo la conocía. Ella no sabía quién era yo.

Matilde estaba confundida.

—Pero si dijiste que te salvó...

—Cuando me rescató, me habían golpeado hasta dejarme irreconocible.

Al escuchar el relato sereno de su nieto, Matilde sintió como si mil agujas le perforaran el corazón. Sus ojos se empañaron y un nudo en la garganta le impidió decir una sola palabra.

No había nada más que explicar.

Porque era Elara.

Porque ella lo salvó.

Sin Elara, él no existiría.

Matilde comprendía el peso colosal de esas palabras.

En su momento más vulnerable y desesperado, Elara apareció en su vida. Para él, ella debía ser su luz, su única salvación.

Tras un largo silencio, Matilde finalmente suspiró con pesadez.

—Tú y ella... —hizo una pausa— no tendrán un final feliz.

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