Luego de eso, la producción empezó a repartir las misiones, les asignó sus habitaciones y les entregó su única comida del día.
A partir de ahí, conseguir comida dependería únicamente de su propio esfuerzo.
—Podrán ganarse la comida y mejorar sus habitaciones ayudando en las cosechas o creando fórmulas para el cultivo.
—Y si no saben nada de campo, pueden usar sus talentos y convencer a la gente de darles algo a cambio.
Esas condiciones molestaron de inmediato a Valeria y a Patricio.
Claramente las reglas favorecían a los que sabían de biología, y eso no les parecía justo.
Sin embargo, Valeria se tranquilizó al recordar que Clara Serrano la estaría ayudando a escondidas; el tema de las plantas sería pan comido.
No solo iba a demostrar que era una experta en la materia, sino que aprovecharía para lucir su talento para el baile y la música.
La idea la llenó de confianza.
Sin más quejas, el grupo se dirigió al lugar donde iban a dormir.
Pero cuando vieron el estado de las habitaciones... se quedaron sin palabras. Solo había una cama y un armario, nada más.
Pablo y Patricio, acostumbrados a los lujos desde la cuna, jamás habían pisado un lugar tan precario.
Hasta cuando iban de campamento llevaban equipo de primera y dormían con todas las comodidades.
—¿Aquí vamos a dormir? ¿En esa cama? —preguntó Patricio, sin poder ocultar su horror.
—¿No pueden darnos un cuarto mejor? —secundó Pablo de inmediato.
—No. La única forma de conseguir mejores cuartos y buena comida es destacándose en las misiones.
El presentador se los explicó con la mayor cortesía posible.
Si los trataran como reyes desde el principio, el programa perdería toda la gracia.
Además, quienes se dedicaban a investigar el campo solían ser héroes anónimos que vivían con recursos limitados.
Buscó apoyo en los ojos de su hermano.
—No le hagas caso. Yo duermo donde sea, solo me tomó por sorpresa —le dijo Pablo a Valeria.
Pablo sabía que Liam tenía la lengua muy afilada y prefería no buscar pleito para no quedar en ridículo frente a las cámaras.
—Vamos a dejar las cosas en el cuarto.
Alba disfrutó del espectáculo; en secreto le levantó el pulgar a Liam y luego entró a la casa con Rosalía.
Al notar la mirada de Alba, el rostro normalmente gélido de Liam se suavizó con una calidez inusual.
Los espectadores volvieron a enloquecer en los comentarios.
—¡Bien dicho! Algunos solo entienden a golpes. ¡Creen que siguen en su palacio!
—¡Vi esa mirada entre Albita y el señor Góngora! ¡Ay, qué bonito se sintió eso!

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