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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 100

La noche había caído en Paris, y Henry había decidido llevar a cenar a Katherine a uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad del amor; quería disfrutar de ese paraíso junto a su familia, con sus pequeños gemelos Gabriel y Emma por la mañana, y con su amada Katherine por las noches.

Pronto tendrían que regresar a New York y enfrentar la realidad tal cual era. Negando en silencio, Henry no quiso pensar en ello, y mirando lo hermosa que lucía Katherine esa noche ataviada en un sencillo pero hermoso vestido negro, se negó a tener en mente nada que no fuese la hermosa mujer que tenía delante. Quería llenarse las pupilas con ella y dedicarle esa y todas sus noches a ella…no estaba dispuesto aun a renunciar a su paraíso.

—Veo que esta vez te luciste, sé que los restaurantes de este lugar son tremendamente costosos, ¿Estás seguro de que esto es correcto? — cuestionó Katherine conociendo bien la situación financiera en la que los Bennett se encontraban.

Henry sonrió, por supuesto que Katherine ya debía de intuir que algo estaba pasando en Bennett company, sin embargo, él tenía su propio plan de respaldo, y lo que ocurriera con su patrimonio familiar poco o nada le interesaba.

—Tú no tienes nada de qué preocuparte, Katherine, tan solo disfrutemos de esta noche, todo va por mi cuenta. — respondió Henry tomando por la pequeña cintura a su exesposa para entrar.

Entrando al lujoso edificio, rápidamente subieron al elevador, y Katherine se sorprendió aún más cuando Henry la acorralo contra la pared de este. El corazón de la aprisionada rubia, ya latía nervioso, y sentir la presión de la dureza de la masculinidad de Henry presionada con su intimidad, la estaba envolviendo en ese ambiente tenso, sofocante y adictivo que solo sintió al tenerlo así de cerca. El apretó más su cadera contra ella y sus manos recorrieron los costados de su cuerpo, llegando y apretando sus dos senos, cuando Katherine mordió su labio, sin querer, se le escapó un gemido, Henry decidió no esperar; su mano izquierda presionó el botón rojo de frenado manual, el mismo que había visto mientras subían, considerando algo como eso.

—¿Qué es lo pretendes? sea lo que sea, esto no es correcto. — dijo la abochornada rubia al percatarse del movimiento brusco del mecanismo del elevador que iba subiendo.

—¿Por qué no? — cuestionó Henry roncamente mientras deslizaba una de sus manos bajo la blusa formal de su esposa, buscando acariciar la suavidad de sus senos. — Ya lo hice, lo correcto sería terminarlo…— le dijo sobre sus labios.

La masculinidad de Henry dio un tirón ante la idea, endureciéndose más; Katherine lo calentaba aun sin darse cuenta. Evadiendo el sostén, pudo sentir su botón de rosa respondiendo ante su suave toque, y el magnate apuesto hombre sonrió al comprobar cuando le besó el cuello, que toda la piel de Katherine se había erizado producto de sus besos y caricias.

—Debes estar loco…alguien vendrá en cualquier momento cuando se den cuenta de tu travesura… — respondió la hermosa Katherine al tiempo que luchaba por retirarlo; estaba segura de que cuando notaran el elevador detenido, enviarían a mantenimiento a revisar.

—Hay otros tres elevadores, tardarán en notarlo. — le aseguró él y levantó la blusa de ella, casi perdería el aliento al ver sus dos redondos senos que subían y bajaban producto de la excitación femenina, siendo cubiertos por un sostén negro y sin tirantes. “Perfectos”

—Henry, no…esto no es correcto. — suplicó Katherine con su respiración escapando por sus labios, y desvió su vista de él que no hacía más que provocarla.

La rubia apreció la erótica estampa de su cuerpo siendo preso por el de él, y sus piernas desnudas enredadas en las caderas masculinas, en el gran espejo colocado en la pared lateral del elevador; maldijo el haber decidido usar vestido ese día. Ella se avergonzó completamente, pero algo de eso también lograba mezclarse con el deseo de su exesposo.

Katherine apretó sus ojos y se elevó presionando sus senos desnudos con la tela de su camisa, no logró contener un gemido, apretó con fuerza su móvil que seguía sonando y vibrando en su mano, la misma que se encontró enredada al cuello del apuesto magnate, intentando mantenerse inútilmente serena.

—Eres un tonto…— le dijo ella cuando él ingresó dos de sus dedos, acariciándola por dentro. Sí había escuchado semejantes palabras, pero jamás creyó que fueron dirigidas a ella, y menos en esas circunstancias.

Henry esbozó una ligera sonrisa torcida. — Algunas veces…— aceptó el apuesto hombre al tiempo que salía de ella y bajaba el cierre de su pantalón. Su respiración era pesada y en un segundo expuso su duro e hinchado miembro.

— Pero de lo que debes estar segura, Katherine… — mencionó Henry y jadeó al alzarla suavemente y colocar su miembro en su húmeda y tibia entrada al deslizar sus blancas y mojadas pantis. — Es que vas a disfrutarlo. — le aseguró cuando la sujetó con fuerza para hundirse de una sola estocada en ella, Katherine soltó un grito que no logró callar, y hundió su rostro entre su cuello, Henry gimió roncamente al sentir la estrechez de la carne de Katherine, su caliente humedad.

—¡Ah! ¡Dios!, ¡Esto no está bien! — gimió Katherine cuando su cuerpo fue recorrido por una electrizante sensación de placer y peligro, sin embargo, y contrario a sus palabras, no quería que su exesposo se detuviera.

Henry sonrió, y apreciando el avergonzado y apasionado rostro de su exesposa, siguió penetrándola para darle y darse aún más placer. Katherine sintió como su cuerpo fue llenado una vez más por él y el placer que eso volvió a provocarle; tenía miedo de que fueran sorprendidos y tuvieran algún problema muy grave, pero cuando Henry se retiró solo para volver a entrar…el temor pasó a segundo término y dejo de importarle tanto.

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