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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 105

Las grandes manos de Henry acariciaron de manera celosa la cintura y caderas de Katherine y ella gimió al dejar apenas sus labios. Henry se sentó y buscó sentarla sobre sus piernas para después recostarla sobre la cama, pero Katherine lo detuvo, Henry la observó en silencio, pero notoriamente ansioso cuando ella volvió a tomar su miembro y lo acarició de arriba abajo haciéndolo contraer su rostro en placer.

—¿Qué haces? — preguntó él roncamente, al verla hincarse ante él.

Katherine sonrió y lo miró seductora y directamente a los ojos.

—¿Intentar complacer a mi hombre? — esa dudosa afirmación los estremeció a ambos, y Henry se sintió tan excitado como nunca antes.

La hermosa rubia dejó de verlo para observar su hinchado miembro, y luego procedió a recorrerlo con sumo cuidado con sus manos para comenzar lamiendo despacio la sensible punta de este…Henry controló el par de espasmos que ella le provocó, pero no calló su ronco gemido.

—Katherine…que…— dijo el apuesto magnate cuando ella introdujo casi la mitad de su endurecida longitud a su boca, la lengua de Katherine le parecía sedosa en su humedad, su calor era perfecto y su mano recorriendo y apretando la parte de su masculinidad que no alcanzaba a entrar en su boca, lo martirizaban.

Él bajó su vista casi nublada por el placer para verla a ella, y con su respiración escapando por sus labios…y la vio perfecta. La luz era tenue y el cabello de oro de su esposa, parecía brillar por la humedad; su piel blanca y delicada se exhibía bajo esa pequeña prenda que ansiaba quitarle…y llevó una de sus manos debajo del escote de ese babydoll y tocó la fresca piel de uno de sus senos; lo apretó al mismo tiempo que ella seguía metiendo y sacando su dureza de su boca y volvió a gemir, maldición, pensó…Katherine lo hacía muy bien.

Los celos volvieron a atormentarlo al recordar que esa mujer que lo estaba tan sutilmente complaciendo; pensarla junto a Jackson o junto a cualquier otro lo enloquecía de rabia, de celos incontrolables y de un dolor insoportable…ni siquiera podía imaginarla con él y haciéndole lo mismo, de ninguna manera, Katherine le pertenecía y no permitiría que ningún otro la mirase o disfrutase como él lo hacía… su mujer era enteramente suya…y de nadie más.

—Así, Katherine…sigue así…— Henry gimió roncamente al apoyar una mano en el mullido colchón y la otra la enredaba en su cabello de oro, guiándola y manteniendo su ritmo. Su cuerpo comenzaba a arder y a temblar.

Katherine jadeó al dejar el miembro de su exesposo y alzó su vista a él y lo vio con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás; ella no se percató de cuándo se quitó la camisa, observó su afilada y perfecta nariz, su cuello y su pecho lampiño y marcado, acarició su abdomen blanco y firme y volvió a lamer el miembro de su exesposo que seguía preso por una de sus manos.

Jugó con la parte más hinchada y sensible de esa caliente y endurecida masculinidad, y él gimió; lo sintió ser invadido por un par de espasmos y sonrió…no entendía ese placer que le provocaba tener a ese dominante hombre, vulnerable por su tacto. Henry Russell era un hombre temible; poderoso como pocos, deseado por muchas mujeres y odiado por muchos hombres…y allí estaba el, a su completa merced, dominado completamente por ella y preso de aquel placer que le estaba brindando, ella, tan solo ella podía dominarlo así y hacerlo gemir así…ni Emily ni ninguna otra iban a disfrutar de su hombría jamás, se lo juró. Aquel sentimiento que repentinamente la invadió, la hizo sentirse orgullosa y posesiva.

La hermosa rubia succionó con fuerza mientras su lengua raspaba tortuosamente la piel del glande de su hombre. Él no contuvo un nuevo y ronco gemido, y sus ojos se apretaron al soportar ese ardiente placer que lo estaba enloqueciendo.

Katherine aminoró la succión y lamió un par de veces más, probando otra vez su sabor y acarició la longitud de esa masculinidad, la cual no alcanzaba a envolver por completo con su mano, y lo vio… Henry bajó su vista suplicante a ella, y cuando la vio levantarse jadeó insatisfecho, estaba a poco de venirse en su boca.

Katherine se subió a horcajadas sobre él, y el poderoso magnate que en un principio observó su rostro, ahora bajaba su mirada de zafiro a ese par de senos redondos que se veían apretados bajo ese atuendo… sus manos subieron y bajaron por su espalda evadiendo su largo cabello y apretaron su trasero para sentarla sobre él, su miembro quedó preso entre sus cuerpos.

—Te amo, Henry. — mencionó Katherine al acariciar su rostro.

Henry sintió como su corazón se apretó…después de tanto tiempo, ella le había dicho que lo amaba con tanta sinceridad que se sintió sobrecogido por la emoción…aquellas palabras que durante tanto tiempo se privó de escuchar debido a su estupidez, las sintió como si le hubiesen abierto las puertas de su paraíso.

—Y yo a ti, Katherine…te amo… — Henry le respondió.

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