— ¿Has averiguado algo sobre de ellos? — cuestionaba una misteriosa mujer a su femenina asistente.
— No señora, nada en realidad salvó lo que ya sabemos, la señora Holmes desapareció hace poco más de una semana y no se ha puesto en contacto con el heredero Williams, y el señor Bennett desapareció apenas hace cuatro días, no sabemos si están juntos, y nadie en realidad parece saber nada sobre ellos, también hemos mantenido vigilada a la mansión Bennett tal y como lo solicitó. — respondió la joven acomodando sus gafas.
Beatrice Williams frunció el entrecejo, resultaba en realidad bastante curioso que nadie supiera nada de la mujer que se había comprometido con su sobrino y el heredero de su casa, además de que resultaba bastante curioso que justamente el millonario exesposo de la misma también hubiese desaparecido; Jackson se había aferrado a casarse con una mujer divorciada y que, además, era madre soltera, lo cual dejaba muy mal parada a la casa real y a su familia en particular…ya había sido demasiado difícil ocultar sus muchos escándalos y terribles imprudencias, y que ahora fuese la burla de una mujer sin valor, lo volvía aún más terrible. Algo de aquello, se sentía extraño, quizás, demasiado.
— Llama al detective Ramírez, de la DEA, si alguien puede escombrar en el pasado, presente o incluso el futuro de alguien, definitivamente es el. — ordenó la mujer.
Viendo salir a su joven asistente, la cruel mujer observó con detalle aquellas fotografías de los padres de Katherine Holmes, el padre de ella y el único de los dos que aun continuaba con vida, parecía estar disfrutando por todo lo alto de su vida como si hubiesen nacido en cuna de oro, y todo gracias a la fama como diseñadora adquirida por la prometida de su sobrino, quien, para colmo, le había abierto el camino para ello.
Sin embargo, había algo que no le estaba cuadrando en todo aquel asunto tan molesto que tenía que resolver lo más pronto posible, pues la paciencia de los Windsor no sería infinita, y aun cuando Jackson había asegurado que su matrimonio con esa mujer le traería nuevos aires de aprobación a la corona, ella sabía que aquello no era verdad. El pueblo de Inglaterra quería ver a su realeza siendo perfecta, no llevando una vida común y corriente…por ello encontrar una manera de que su sobrino no se casara con Katherine Holmes sin ensuciar el apellido, era de suma importancia.
En su mansión, Emily comenzaba a vestirse, mientras sentía el humo del cigarrillo que Jackson acababa de encender.
— Fumar es uno de los peores hábitos, siendo el heredero de una casa importante que pertenece a la realeza, deberías de saberlo. — aseguró la caprichosa mujer.
Jackson soltó el humo sobre el rostro de la chica.
— Lo bueno de ser un heredero de la realeza, es que puedo hacer todo lo que me venga en gana hacer, si quiero fumar, fumare, si quiero asesinar a alguien, lo asesinare, si quiero a una mujer, la tendré. — respondió Jackson completamente indiferente.
Emily bufó.
— Entonces…tu y Katherine, ¿Qué son en realidad?, ¿En realidad no pareciera que fueran pareja antes de comprometerse, y ella parecía no tener ojos para nadie más que para Henry? — cuestionó Emily deseando saber.
Jackson dio otra calada de su cigarro.
— Eso no te incumbe, Emily. Solo tienes que saber que ella es el amor de mi vida, lo que haya pasado antes de mi compromiso con ella no es de la incumbencia de nadie, así que no vuelvas a hacerme una pregunta tan estúpida. — respondió nuevamente indiferente.
Los ojos dolidos de Emily, se mostraron acuosos. Aquellas palabras de Jackson Williams, eran demasiado crueles. Forcejeando con él, intentaba zafarse.
— ¿Eso es lo que piensas?, te recuerdo, Williams, que tú también fuiste despreciado por Katherine Holmes, después de todo, ¿Qué puedes ofrecerle a ella que Henry no pueda darle por 100 veces más que tú?, Henry es un hombre poderoso, el más poderoso de New York y uno de los más poderosos e influyentes de Estados Unidos, y tú familia jamás ha podido hacer nada contra ellos, aun cuando lo han intentado…si yo soy patética, tú lo eres cien veces más que yo. — respondió Emily con sonrisa retorcida, mientras las lágrimas se le escapaban desde sus ojos castaños, con los cuales miraba con fiereza a ese hombre con el que acababa de intimar.
Ambos se miraron a los ojos, y Jackson, furioso por las palabras de aquella mujer, la besó con fiereza mordiendo sus labios carnosos haciéndolos sangrar. Emily, también furiosa, enterró sus uñas en la espalda desnuda de Jackson, quien le volvió a arrancar la ropa recién puesta, para tomarla con salvaje pasión nuevamente.
Ninguno se amaba, ni tampoco se despreciaban, en realidad, ambos deseaban lo mismo: acabar con el amor que existía entre Katherine Holmes y Henry Bennett, cada uno por razones egoístas y diferentes.
Gimiendo de placer, Emily disfrutaba de aquel violento vaivén que la penetración de Jackson le producía en su cuerpo…Katherine Holmes no merecía a Henry…pero tampoco a Jackson.
Tomándose como animales sin una pizca de raciocinio ni pudor, ambos estuvieron dispuestos a lo que sea, con tal de conseguir sus objetivos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.