El celular de Katherine había dejado de sonar segundos antes y ahora volvía a hacerlo, ella movió su mano y su vista nublada le distorsionaba el rostro del rubio en la pantalla del móvil, Henry miro aquella fotografía y su furia aumento y de forma poco delicada, la tomó de la muñeca y le alzó la mano por encima de la cabeza, el celular seguía sonando, pero la atención de Katherine la tenían los fríos ojos azul zafiro frente a ella.
—Mírame a mí…tan solo a mí. — Henry le ordenó celoso, pensando en que ella, quizás, aún seguía sintiendo algo más que solo deuda por ese miserable, y probando superficialmente sus labios mientras salía y entraba con fuerza en ella, no quiso soltarla ni en ese momento ni nunca más.
Katherine apenas podía mantener sus ojos abiertos, sus gemidos eran más largos y audibles; Henry estaba usando más fuerza de la que había empleado las veces anteriores y ella… ella estaba disfrutando y reaccionando a él… ¿por qué?, ¿Por qué le gustaba hacerlo con él aun en esa situación que faltaba a todos los principios que siempre había tenido?, ¿Por qué disfrutaba de sus caricias y de esas sensaciones de dominio, que él parecía tener sobre ella? Se estaba volviendo loca, se aseguró a sí misma, o una pervertida, también esa era una opción.
Henry jadeó roncamente una y otra vez sobre los labios ya rojos y abiertos de Katherine, su miembro era apretado en su interior cada que ingresaba, sintiendo aquellos placeres tan íntimos con su amada exesposa supo de nuevo que jamás permitiría que ella sintiera eso con alguien más.
La piel de Katherine se erizó, su cabeza golpeaba contra el reluciente cristal y sus gemidos se propagaban con un eco a su paso en el reducido lugar. Ni siquiera el aire acondicionado podía refrescar sus ardientes cuerpos. Finalmente, la rubia había soltado al suelo el móvil que débilmente sostenía, y seguía siendo presa del agarre del apuesto hombre, y con una de sus manos, lo atraía a ella al enredarse sus dedos en los castaños y sedosos cabellos de su hombre. Sus ojos se cerraron y su respiración se mezcló con la de él en forma de aliento, al mantener sus rostros uno sobre el otro.
—Mírame, Katherine…no dejes de mirarme. — exigió el apuesto Henry al soltar su mano y llevarla a su marfilado y alargado cuello.
Necesitaba que ella lo viera, que Katherine fuera consciente que era él quien la hacía disfrutar de esa manera, que no importaba que Jackson pudiese ser el imbécil manipulador que la había apoyado siempre…ella estaba gimiendo y disfrutando por él. Katherine estaba a punto de venirse por él.
Katherine dejó escapar una vez más su aliento y miró a su exesposo; sus ojos verdes se encontraron con los zafiros del apuesto hombre que resplandecían en pasión y deseo, avivando más su azulino color, en ese momento, ella casi dejó de respirar.
Aquellos ojos eran apasionados, tan bellos, y Katherine pudo ver en ellos ese instinto posesivo que ya varias veces había padecido en sus brazos, su cuerpo se estremeció y buscó callar el gemido que le quemaba el pecho en busca de liberación al besar sus labios, pero él se lo impidió, Katherine gimió frustrada, él siguió envistiéndola con fuerza y mientras con una mano la sujetaba, con la otra apretaba uno de sus senos y él botón de rosa a su paso.
Henry escuchó un agudo gemido de Katherine y lo colmó de placer; era el inicio de su orgasmo, y siguió hundiéndose en ella, sintiendo como sus paredes se absorbían y apretaban a su paso.
—Eres mía… justo ahora… y él ni siquiera importa… — le aseguró Henry jadeante.
Su miembro estaba ardiendo, la sensibilidad en la punta del mismo era bastante, atravesarla, rosarse, frotarse contra ella lo estaba volviendo loco, era su pasión la que lo gobernaba…era Katherine, era ella quien lo volvía loco, su cuerpo, su rendición y su desapego de él, lo frustraba y lo disfrutaba al mismo tiempo, era estúpido realmente.
Las piernas de Katherine se apretaron en las caderas masculinas, impidiéndole salir de su cuerpo como él deseaba, pero ayudándole en la fuerza y continuidad de sus estocadas, cortas pero profundas.
“¿Qué no importa? ¿Jackson no importa? No, no realmente” Katherine meditó; aunque aquello ya lo había concluido días atrás…en ese momento, solo pudo ser consciente de su hombre que se golpeaba contra ella y apenas la dejaba respirar, segundos después, Henry bajó su rostro y con sus labios saboreó de la miel de sus senos. La sensibilidad de Katherine se multiplicó, de nueva cuenta, era solo ese momento, dos cuerpos, un amor, y un mismo placer, y esa era la única verdad que debía de importarle.
— Henry…yo — gimió Katherine envuelta en una ardiente necesidad de liberación, no podía suplicarle que se detuviera, o que la ayudara a terminar con esa tortura que la estaba quemando.
Su corazón golpeaba en sus oídos y aun así podía escuchar los gemidos, que más bien parecían gruñidos de placer del apuesto hombre que golpeaba sin tregua contra ella, provocando ese sonido acuoso de su unión.
—Vamos a terminar… juntos, Katherine. — suplicó el magnate cuando quiso ordenarle, ella solo pudo asentir y su cuerpo se tensó con él entre sus brazos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.