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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 100

El interés de Lorenzo Luján por Vera sobrepasó las expectativas de todos los presentes.

Excepto por Sebastián Zambrano, quien se mantenía como un mero espectador ajeno a la situación. Ni siquiera se molestó en decirle otra palabra a Lorenzo; bajó la mirada y dijo con indiferencia:

—Iré a ver las antigüedades primero.

Silvana arqueó una ceja en silencio.

Es instinto natural de un hombre sentir posesividad hacia su esposa, incluso si no hay amor de por medio, y no permitir que otro hombre intente invadir su territorio.

Pero si ya ni siquiera le quedaba esa posesividad...

Eso significaba un desprecio y un asco absolutos.

Pedro Zárate hasta se sintió aliviado de que Vera se hubiera alejado, salvándose de presenciar esa faceta tan fría y desalmada de Sebastián.

No estaba dispuesto a seguir compartiendo el mismo aire que ellos, así que asintió con cortesía:

—También daré una vuelta.

Lorenzo hizo un gesto cortés invitándolo a pasar.

Julián Valdés se quedó atrás y entrecerró los ojos para observar a Lorenzo:

—Hablas en serio, ¿verdad? ¿De verdad fue amor a primera vista?

Lorenzo sonrió levemente y levantó su copa:

—Somos humanos con necesidades. No hay por qué tomárselo tan en serio. Si nos entendemos, salimos; si no, cada quien por su lado.

Esa respuesta sonaba bastante al típico comportamiento de un mujeriego empedernido.

Julián dudó por un momento.

¿Así que solo se había fijado en el físico de Vera y buscaba una aventura pasajera?

Sin importar lo poco que le importara a Sebastián, a una nuera de la familia Zambrano no se le permitía protagonizar semejantes escándalos.

Julián miró a su alrededor para asegurarse de que nadie estuviera escuchando, y bajó la voz:

—Lorenzo, escúchame bien: quien sea, menos ella.

—De acuerdo, entonces explícate. ¿Quién es su novio o su marido? Si dices con tanta seguridad que no está soltera, al menos dime un nombre, ¿no?

Esa pregunta dejó a Julián completamente sin palabras.

Como Sebastián no estaba dispuesto a reconocer a Vera públicamente, él tampoco podía revelar su identidad como la Señora Zambrano.

Y con Silvana presente en el evento, destapar la verdad habría creado una situación increíblemente incómoda.

Julián frunció el ceño, frustrado.

Lorenzo chocó ligeramente su copa contra la de él.

Salió secándose las manos.

Pero apenas cruzó la puerta, escuchó el característico clic metálico de un encendedor a su lado.

Giró la cabeza.

Sebastián estaba de pie, en silencio. Tenía su abrigo elegantemente doblado sobre un brazo; el impecable saco negro entallado resaltaba su figura alta y recta, acentuando sus hombros anchos y su cintura firme con un aire sumamente atractivo. Al escucharla salir, la miró de reojo a través de las tenues espirales de humo del cigarrillo.

Luego, apartó la mirada y apagó el cigarro con aparente indiferencia.

Vera entendió la situación de inmediato.

Seguramente Silvana estaba cerca, y como todo un novio modelo, la estaba esperando fuera de los baños.

Obviamente, ella no iba a hacerse falsas ilusiones intentando sacar plática con su propio marido, solo para terminar humillada.

Vera estaba a punto de seguir su camino e ignorarlo.

Pero justo cuando pasó frente a él...

Lo escuchó hablar, con ese mismo tono calmado e inquebrantable:

—Para las fiestas de fin de año, toda la familia irá de vacaciones a la Provincia del Sur. ¿Vienes?

Vera detuvo sus pasos en seco y giró la cabeza, cruzando su mirada directamente con esos profundos ojos oscuros.

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