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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 116

—Cierto, te llevas bien con Ivonne Herrera —dijo Sebastián restándole importancia al asunto. Su tono volvió a ser indiferente.

Aunque Ivonne no era exactamente la hija favorita de la familia Herrera, al tenerla como puente, no era tan raro que Vera tuviera el contacto de Adriano. Además, con la fecha que era, WhatsApp estaba lleno de felicitaciones genéricas de Año Nuevo. Era muy probable que el mensaje que Vera acababa de recibir fuera uno de esos.

—Sí, si no fuera por ella, ¿cómo iba a conocer a alguien como Adriano? —Vera observó lo poco que le importaba a Sebastián y una sonrisa fugaz y amarga asomó en sus labios.

Bajó la mirada y le contestó a Adriano: [Feliz Año Nuevo.]

Ding.

Adriano contestó en cuestión de segundos.

—[Regreso al país el mes que viene.]

Vera no le dio demasiada importancia al hecho de que le informara sobre su itinerario.

—[De acuerdo, nos vemos entonces.]

Evidentemente, no iba a mencionar que Adriano era el padre de Lina ante la ley y, en cierto modo, su salvador. Si Adriano no hubiera aceptado registrar a la niña bajo su apellido, Vera jamás habría podido protegerla ni ocultar su existencia.

Pero sabía que un secreto así no se podía esconder toda la vida. Una vez que firmara el divorcio oficial con Sebastián, él se enteraría.

Para entonces, ya sería demasiado tarde para intentar quitarle a su hija.

—Bien, me daré una ducha —dijo Sebastián. Como era de esperarse, no mostró el más mínimo interés en el tema. Sin importarle con quién mensajeaba Vera, se dirigió al baño con su habitual expresión gélida.

Vera recordó de golpe la mañana en que él, medio dormido, la había confundido y abrazado en la cama. ¿Acaso planeaba quedarse a dormir allí otra vez?

—¿Te vas a quedar aquí a dormir? —preguntó sin poder contenerse.

Sebastián, mientras se desabrochaba los botones de la camisa, se detuvo frente a la puerta del baño y la miró de reojo: —Entonces, ilumíname, ¿dónde sugieres que duerma?

«Con tu amante, por supuesto». Esa fue la primera respuesta que le vino a la mente a Vera, pero no dijo nada. Mantuvo su rostro impasible.

Sebastián no le prestó más atención, cerró la puerta y abrió el agua de la regadera.

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