Esa frase, dicha sin ninguna emoción aparente, le sonó a Vera como un insulto velado.
A esas alturas, no le interesaba buscarle dobles intenciones a sus palabras, porque sabía perfectamente que aquello no era un regalo hecho por un esposo atento.
Era una simple transacción. Un trueque de silencio.
Vera jamás se había sentido tan lúcida como en ese momento. Ignorando el sarcasmo de Sebastián, respondió con firmeza: —Llegados a este punto, creo que debemos dejar las cosas claras. Con piezas de este valor, siempre hay margen para futuros problemas legales. Si no te importa, quiero un documento notariado donde especifiques que me pertenece por completo.
Había costado demasiado recuperar el tesoro de su familia y no iba a correr ningún riesgo. Ella solía ser muy cautelosa.
Además, ya le había entregado el acuerdo de divorcio la última vez en el hospital. Sebastián lo había leído. Con el divorcio a la vuelta de la esquina, y sabiendo que él pagó la suma como «compensación» por su engaño, prefería tener todo documentado.
A Sebastián pareció no importarle la exigencia: —Bien. Haré que alguien redacte los papeles.
—Trato hecho. Avísame cuando esté listo. —Vera soltó el aire que contenía; la alegría por fin se asomó a su rostro.
Si a cambio de recuperar el legado de la familia Suárez tenía que hacerse la ciega frente a sus aventuras con Silvana, ¿qué importaba?
—Espérame en casa.
Vera frunció el ceño. ¿En casa? Si estaban a un paso de divorciarse, ¿para qué quería que volviera allí?
—Tú... —estaba a punto de sugerirle que se vieran en otro lado.
Pero antes de que pudiera hacerlo...
Bip. Bip. Bip.
Sebastián cortó la llamada. Así de simple. Le cerró la boca del mismo modo dictatorial en que le colgaría a un empleado: seco y sin una pizca de empatía.
Vera ya estaba acostumbrada y ni siquiera parpadeó. Lo único que le importaba era tener en sus manos los papeles que certificaban que El Jarrón de Loto Gemelo era suyo.
Ivonne había escuchado todo y entendía cómo funcionaba aquel mundo: —Este tipo de obras no son fáciles de comprar. Se requiere un trámite pesadísimo. ¿Crees que de verdad le importas?


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