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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 144

Vera ni siquiera pudo ver bien quién había llegado antes de ser apartada bruscamente del centro del conflicto. Cuando por fin recuperó el equilibrio y miró sorprendida, ya se escuchaban los golpes secos de los puños conectando con la carne.

Lorenzo Luján, que había aparecido de la nada, tenía agarrado al hombre que la acosaba y lo estaba golpeando sin piedad. Los gritos de dolor resonaron por el lugar. Los invitados de la fiesta de bautizo comenzaron a rodearlos rápidamente.

Estando en el centro del huracán, Vera sintió cómo todas las miradas curiosas y extrañas se clavaban en ella. La situación le dio dolor de cabeza. No le quedó más remedio que intentar separar a Lorenzo: —¡Señor Luján! ¡¿Qué está haciendo?!

Realmente no entendía en qué estaba pensando Lorenzo. Ni siquiera eran cercanos. Las pocas veces que se habían cruzado, el trato había sido, cuando menos, desagradable. Entonces, ¿qué sentido tenía que la defendiera ahora?

Pero Lorenzo parecía convencido de que el hombre se estaba sobrepasando con ella. Sin soltar a su oponente, apartó a Vera de un empujón involuntario. Aunque Vera era alta, su complexión delgada hizo que retrocediera varios pasos, tambaleándose antes de poder estabilizarse.

—Señor Luján, usted... —Vera quiso decir algo más, al menos pedirle que no arruinara un día tan importante para Diana.

Pero al levantar la vista, sus ojos se encontraron de golpe con los de Sebastián Zambrano, quien estaba de pie fuera de la multitud. Él no parecía un espectador más buscando morbo; estaba ahí, imponente, observando todo con una frialdad absoluta. Su mirada era distante y su rostro no mostraba ninguna emoción. Vera no sabía desde cuándo estaba allí ni si había visto cómo ese hombre la había acosado.

Pero daba igual cuál fuera la respuesta.

Nada cambiaba esa indiferencia abrumadora, como si ella fuera una completa extraña. No intervino. No ayudó. No la defendió.

Aunque ya no le importara, aunque ya sintiera asco por ese matrimonio, Vera llegó a una conclusión dolorosa: si hubiera sido Silvana Iriarte la que estuviera en su lugar, él no se habría quedado de brazos cruzados. Se habría vuelto loco protegiéndola y buscando venganza.

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