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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 228

Por un instante, Vera Suárez pensó que había escuchado mal.

¿Cancelar...?

Jamás se imaginó que el trámite exprés que Sebastián Zambrano había gestionado pudiera revertirse.

Era una situación inaceptable.

Era lo mismo que apostar la vida de Lina.

La anciana había puesto el dedo en la llaga con una precisión quirúrgica.

Todo el cariño que Doña Isabel le había mostrado en el pasado, de repente parecía una farsa barata.

Al sostenerle la mirada a la matriarca, a Vera se le heló la sangre: —¿Por qué hace esto? ¿Acaso el matrimonio no es una decisión libre de los involucrados?

Doña Isabel parecía molesta por la actual "rebeldía" de Vera y frunció el ceño: —Yo te estoy respaldando, ¿de qué te quejas?

Esas palabras se le atoraron a Vera en la garganta.

Como si, de alguna manera, ella fuera la... ¿malagradecida?

—Si hubieran seguido el procedimiento normal, en verdad no habría forma de cancelar esa acta. Ahora dime, ¿no es esto una oportunidad para ustedes? —La expresión de Doña Isabel se suavizó un poco—. La última vez mi condición fue que tuvieras un hijo antes de divorciarte. Por blanda y confiada, no te obligué a hacer nada, ¿y cómo me pagaste? ¿Con engaños? ¿Así es como me agradeces?

Vera guardó silencio.

Hasta ese momento entendió la cruda realidad.

Todo ese falso cariño no era más que la fachada de la matriarca de una familia de élite.

Mientras no la contradijeras, todo era miel y dulzura. Pero en el instante en que no hacías su voluntad...

Se quitaban la máscara.

—Usted tampoco me adora tanto como aparenta. Dígame la verdad, ¿cuál es su verdadera razón para oponerse al divorcio, además del hecho de que Silvana Iriarte fue la prometida de su otro nieto?

El corazón de Vera estaba más frío que el hielo; al fin lo veía claro.

La familia Zambrano no le iba a dar otra opción.

Pero había tantas mujeres dispuestas a darle un hijo a Sebastián.

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