—¿Podrías decirle a Sebastián que lo del divorcio fue solo un capricho tuyo?
Vera frunció el ceño instintivamente.
Doña Isabel apretó sus manos: —No te estoy pidiendo que no te divorcies. Lo que quiero decir es que, antes de que te cases por segunda vez, no le reveles a Silvana que tú y Sebastián se van a divorciar.
—Me encargaré de buscarte un buen partido lo antes posible. Alguien de buena familia, con valores, para que puedas tener una buena vida.
—Pero la familia Zambrano es demasiado grande. El pobre Claudio tarde o temprano saldrá de la cárcel. Si hay rencores entre los hermanos, la familia no tendrá paz. Si demuestra buena conducta, saldrá antes. Quién sabe, tal vez si Silvana no ve que tú y Sebastián se separan, termine regresando con Claudio.
Vera no esperaba que la abuela tuviera esa actitud.
Podía entender sus preocupaciones, pero...
—Abuela Isabel, no quiero seguir esperando.
Ya no quería seguir consumiéndose en un matrimonio tormentoso con Sebastián.
Además, la existencia de Lina era un secreto, y divorciarse rápido era su prioridad.
Obviamente, no iba a aceptar el 'espera un poco más' de Doña Isabel.
La anciana notó la firmeza de Vera y suspiró: —Sobre el divorcio... ¿Tú y Sebastián ya lo discutieron y están de acuerdo?
Vera recordó que Sebastián ya tenía los papeles del divorcio. En teoría, ya debía haberlos leído.
Y como no le había dicho nada después, asumía que estaba de acuerdo con todas las cláusulas.
Un consentimiento tácito.
Asintió: —Él está de acuerdo.
—Entonces, mi niña, ocúltaselo a Silvana por ahora. Ni tu suegra, ni los demás miembros de la familia sabrán de esto. Esto quedará entre nosotros tres. En cuanto a Sebastián, yo misma lo amenazaré para que no le diga nada a Silvana durante un año.
No toleraba la actitud de Silvana, pero sabía que este problema debía resolverse estratégicamente.
Ser demasiado dura podría tener el efecto contrario.
Vera lo pensó y aceptó.
Mientras no afectara su trámite de divorcio, le daba igual.
De todas formas, solo tenía que esperar a que pasaran los tres meses para ir al Registro Civil.
El resto era problema de la familia Zambrano.
En cuanto salió de la habitación de Doña Isabel, se encontró frente a frente con Sebastián, que estaba a punto de entrar.
Sebastián bajó la mirada para verla.

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