Entrar Via

Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 257

Pero jamás se le cruzó por la mente que fuera la hija de Adriano.

Esa sensación fue casi instintiva, un golpe al subconsciente que no sabía cómo procesar.

Julián también se quedó petrificado ante la escena. Minutos antes había intentado convencerse de que todo era un malentendido, pero al ver al niño de carne y hueso, su cerebro pareció bloquearse. Su rostro se puso pálido como el papel.

Sebastián reaccionó mucho más rápido que Julián. Sus ojos se oscurecieron y dio un paso al frente, con la intención de acercarse a ellos.

Desde el coche, Vera, que estaba a punto de bajarse, lo vio.

Su expresión se ensombreció al instante.

No contaba con que Sebastián también estuviera allí. Se detuvo en seco y volvió a abrocharse el cinturón de seguridad, agradeciendo internamente no haberse bajado mientras hablaba por teléfono.

Si la veía a altas horas de la noche, llevando a una niña a buscar a Adriano, era obvio que a Sebastián, con su mente aguda, le parecería sumamente sospechoso. Toda la farsa se caería a pedazos.

Se encogió en el asiento, intentando hacerse invisible.

Su ansiedad se disparó al ver que Sebastián tenía toda la intención de caminar hacia donde estaban Adriano y Lina. Si se acercaba, irremediablemente la vería dentro del coche.

Su mente trabajaba a mil por hora buscando una salida, cuando de repente...

—Sebastián, espera.

Silvana apenas había dado dos pasos cuando simuló tropezar torpemente con sus tacones y se aferró desesperadamente al brazo de Sebastián. —Me torcí el tobillo... por favor, llévame a casa.

Sebastián se detuvo y volteó a mirarla.

Y ese fue el instante preciso.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano