Sebastián había escuchado cada palabra.
Pero no mostró la más mínima sorpresa.
Levantó la barbilla levemente y respondió con su tono habitual, sin prisa: —Aún hay tiempo de sobra. No hay prisa.
Silvana captó el mensaje al instante; Sebastián ya tenía un plan.
Una sola frase suya bastaba para devolverle la paz. A fin de cuentas, él era su mayor respaldo y su brújula; mientras estuviera a su lado, no había puerta que no pudiera abrir.
Aunque instantes antes se había sentido acorralada, su corazón volvió a latir con fuerza y una dulce sonrisa asomó a sus labios.
Leo notó el cambio en su rostro y sonrió también.
Aun así, seguía sin poder creerlo: —Todos sabemos lo estricta que es la Academia de Ciencias Médicas. ¿Será que la edad ya le está afectando el juicio al Director Zárate?
Usar influencias de manera tan descarada para beneficiar a su propio hijo, ¿no temía arruinar su prestigio?
Sebastián entrecerró los ojos: —Lo más seguro es que Héxilo Digital aún tenga un as bajo la manga que no ha mostrado al público.
No necesariamente se trataba de nepotismo por parte del Dr. Zárate.
Eso hizo que Leo frunciera el ceño: —Me enteré de otra cosa. Dicen que Vera Suárez se integró de lleno a ese proyecto de cirugía robótica cerebral y la están tratando como a una reina en Héxilo.
La dulce sonrisa de Silvana se transformó en una mueca de hielo en un segundo.
Pero no tardó en relajarse y soltar una pequeña risa.
—Ese proyecto de Héxilo Digital es una montaña de barreras técnicas insuperables, está destinado a fracasar. Da igual si ella participa o no.
¿Integrar la acupuntura para lograr una hemostasia perfecta mediante robots? Eso era un cuento de ciencia ficción, un concepto ridículo.
Incluso si tuvieran dinero ilimitado, jamás lo lograrían.
Sebastián ni siquiera emitió una opinión.
Parecía haber perdido todo interés en cualquier cosa relacionada con Vera.
-
Vera había pasado los últimos días trabajando de sol a sol.
Llevaba una semana entera sin pisar La Residencia Zambrano.
Se la pasaba atrincherada en la empresa junto con el resto del equipo.
Durante esos días, Carmen la llamaba sin falta a la misma hora, insinuándole una y otra vez que regresara temprano a casa. Solo cuando Vera le dejaba claro que estaba tapada de trabajo y que no iba a ir, la mujer se rendía a regañadientes.
En cuanto a si Sebastián volvía a dormir ahí o no, a Vera no le importaba ni le interesaba saberlo.
Con la llegada del equipo de élite de la Academia de Ciencias Médicas, el avance era impresionante.
Esto solo motivaba a Vera a sumergirse aún más en la investigación.
Familia, matrimonios rotos, exmaridos de porquería y amantes trepadoras... todo eso quedaba completamente relegado a un segundo plano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano