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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 292

Para Vera, esa voz era como una aguja clavándose en sus nervios, desatando una irritación imposible de ocultar.

Al girar la cabeza, la escena la golpeó de lleno.

A escasos metros, dos adultos y un niño acababan de bajar de su auto.

Saulito caminaba en medio, sirviendo de hilo conductor entre Sebastián y Silvana, proyectando la imagen de una familia unida e íntima.

Sebastián vestía de manera un tanto casual, pero su camisa blanca inmaculada rezumaba una frialdad y elegancia inalcanzables. A su lado, como si se hubieran puesto de acuerdo, Silvana lucía un sofisticado traje sastre blanco de Chanel.

La aparición de ambos acaparaba todas las miradas.

Vera soltó una risa seca, casi inaudible, con los ojos cargados de sarcasmo.

Resultaba que Sebastián sí tenía tiempo de sobra para estar de acompañante de Silvana todo el día. Mientras a ella le cerraban las puertas del Grupo Zambrano en la cara, ellos se paseaban con total descaro.

Adriano también dirigió su mirada hacia ellos.

Sus ojos eran témpanos de hielo.

Ante el grito de Saulito, Sebastián volteó. Su mirada se endureció por unos segundos.

Vera y la niña compartían una interacción llena de ternura, mientras Adriano las observaba de pie, con una expresión suave y cálida. Parecían, a todas luces... una familia perfecta.

Silvana frunció el ceño y dejó escapar una burla silenciosa.

La mirada oscura e insondable de Sebastián escrutó a Vera y a Adriano, deteniéndose por un instante en la dulce figura de Lina.

Hizo un leve asentimiento.

—Señor Herrera.

—¿Este niño es su hijo, señor Zambrano? —preguntó Adriano con calma.

Vera enarcó una ceja, sorprendida por la pregunta.

La expresión de Sebastián se mantuvo imperturbable.

—Se equivoca, señor Herrera. Aún no tengo hijos.

Adriano lo observó fijamente, dejó pasar unos segundos y asintió con lentitud.

—Llegué a pensar que tenía un matrimonio en secreto y que ya era padre. Después de todo, se le ve muy dedicado a la señorita Iriarte y a los suyos.

Ese comentario...

Hasta Vera sintió la fina ironía en sus palabras.

Sin embargo, Sebastián no mostró la menor incomodidad.

Para Silvana, en cambio, el comentario fue un halago. Al fin y al cabo, a los ojos de cualquiera, ella y Sebastián parecían un matrimonio joven de paseo con su hijo.

—Señor Herrera, qué coincidencia. ¿Y esta pequeña es su hija? —preguntó Silvana, saludando con una sonrisa amable, ignorando por completo la presencia de Vera.

Sebastián también posó su mirada en la niña.

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