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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 30

Vera ignoró a Silvana y tampoco le prestó atención a Sebastián.

Le daba igual la perfecta estampa familiar que formaban los tres.

Se inclinó hacia adelante hasta quedar cara a cara con el rostro regordete de Saúl Jr.: —Así es, soy la mujer mala. Pero tú eres un niño berrinchudo, desagradable y con una genética pésima. Eres feo. Cuando crezcas, a ninguna niña le vas a gustar, e igual que a tu hermana, vas a terminar recogiendo la basura de otros.

Hasta ella misma sintió que se estaba comportando como la gran villana de la historia. Estaba destrozando el mundo infantil del niño y arruinando la "paz familiar" de esa gente.

Silvana apretó los labios y su expresión se volvió helada.

¡Por supuesto que había entendido que las palabras de Vera los insultaban a los tres a la vez!

Saúl Jr. no entendió todas las palabras, pero los niños a esa edad tienen el orgullo muy sensible. Al escuchar que era feo, desagradable y que a nadie le iba a gustar, se puso rojo como un tomate y se soltó a llorar a mares.

Empezó a gritar y a patalear con todas sus fuerzas.

Balbuceando entre lágrimas, jalaba la mano de Sebastián pidiendo ayuda: —¡Pégale! ¡Pégale! ¡Haz que se arrodille y me pida perdón...! ¡Buuu!

Sebastián bajó sus largas pestañas y miró a Vera con frialdad: —Peleando con un niño, ¿cuántos años tienes?

Acusaciones.

Solo sabía acusarla.

Como si ella mereciera que cualquiera la insultara de la nada.

Como si su destino en la vida fuera ser pisoteada y su dignidad no valiera un centavo.

Vera sintió como si le hubieran clavado una espina en el pecho. Lo miró a los ojos. Cuando una persona siente tanta furia, lo único que le queda es reírse, y eso fue exactamente lo que hizo: —¿No querías jugar a ser el cuñado perfecto? Ya que no sabes educarlo, deberías agradecerme por hacer tu trabajo.

Quizás por su actitud de no dejarse humillar, los ojos de Sebastián se volvieron aún más gélidos.

Silvana cargó al niño, que seguía llorando a gritos, y dijo indignada: —Vera, ¡solo es un niño! Desquitarte con él, ¿te parece digno?

Mientras hablaba...

Silvana se fijó en el celular que Vera tenía en la mano y soltó de repente: —Ahora mismo sospecho que estabas espiándonos y tomándonos fotos sin permiso. Te exijo que nos dejes revisar tu celular.

Vera sintió ganas de soltar una carcajada ante el cinismo de la mujer.

—Ni lo sueñ...

Antes de que pudiera terminar la frase, antes de que pudiera siquiera reaccionar.

Sintió un tirón y el celular desapareció de su mano.

Sebastián se había acercado sin que ella se diera cuenta.

Sosteniendo el celular de Vera, sin dudarlo ni un segundo, ingresó el código de seguridad y lo desbloqueó frente a sus ojos con una facilidad aterradora.

Al ver esa escena...

Vera sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua congelada en la cabeza.

Sintió cómo todos sus huesos se fracturaban uno por uno.

Una ola de humillación absoluta la golpeó, como si la hubieran desnudado frente a todos.

Ella jamás le había ocultado nada a Sebastián. Era como un libro abierto para él.

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