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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 35

A través del cristal, Vera pudo ver a Sebastián y Silvana sentados adentro.

Frente a ellos, había una pareja de mediana edad, además del inconfundible Saúl Jr.

A tres de esas personas las veía con cierta frecuencia, pero esa pareja...

Eran su padre biológico, Saúl Iriarte, y la mujer que había sido su amante durante los años en que estuvo casado con su madre: Beatriz.

Cuando Ivonne Herrera llegó y vio a Sebastián y a Silvana allí, soltó un bufido de inmediato:

—¡Par de descarados!

Aunque estaba furiosa, al notar la palidez en el rostro de Vera, la tomó del brazo y la guio rápidamente hacia su mesa dentro del restaurante.

—Sé que ahora que están por divorciarse, todo esto te sigue doliendo. Es humano, nadie puede tirar siete años a la basura como si nada —dijo Ivonne, intentando consolarla de la mejor manera posible, ya que no se caracterizaba por su delicadeza.

Vera negó con la cabeza lentamente.

—No es por eso.

—¿Entonces?

—El padrastro de Silvana es el hombre que me abandonó en un pueblo apartado durante diez años sin importarle si vivía o moría: mi padre biológico —murmuró Vera con una sonrisa amarga.

Qué ironía que, después de tantas vueltas que daba el mundo, se reencontrara con Saúl Iriarte en ese preciso momento.

El rostro de Ivonne cambió. Ella conocía perfectamente la historia de Vera.

Después del incidente que dejó a la madre de Vera en coma, Saúl Iriarte contrató de inmediato a un abogado y obligó a su esposa a firmar los papeles del divorcio con su huella digital mientras yacía inconsciente en la cama del hospital.

Todo para poder llevar a su amante a la casa. Y para complacerla, no dudó en enviar a su propia hija de nueve años a vivir en condiciones miserables en el campo, dejándola a su suerte.

Beatriz sabía de la existencia de Vera y había puesto una condición: aceptaría vivir con él, pero no tenía ninguna intención de ser madrastra ni de permitir que Vera le robara la atención paternal a Silvana. Exigió que Saúl "solucionara" el problema de su hija.

Vera sufrió innumerables penurias durante más de una década. A pesar de haber nacido en una familia adinerada, le habían robado su vida por completo.

Silvana no llevaba el apellido Iriarte desde que nació. Se lo cambiaron después de que Beatriz la introdujera a la familia.

Saúl Iriarte trató a su hijastra un millón de veces mejor de lo que jamás trató a Vera.

Los recuerdos de aquellos años inundaron la mente de Vera.

—Si algo puede ser robado tan fácilmente, es porque no valía nada desde el principio. Solo era algo barato al alcance de cualquiera. La culpa nunca fue mía ni de mi mamá.

No iba a permitir que esta gente la hiciera dudar de sí misma. Ella tenía la conciencia tranquila.

Ivonne se quedó pasmada un segundo al escuchar eso, y luego levantó el pulgar en señal de aprobación.

—¡Así se habla, con la frente en alto!

Vera ya no sentía amor ni expectativas por Saúl Iriarte. Su único dolor provenía de ver a su madre postrada en una cama sin poder despertar.

Para ella, Saúl Iriarte no era un padre; era su enemigo.

Por la tarde, Vera tenía que reunirse con el agente inmobiliario para firmar el contrato.

El lugar era perfecto: una ubicación excelente, un entorno hermoso, aire limpio y un gran lago artificial. Cumplía con todos sus requisitos y estaba dentro de su presupuesto.

Apenas llegó a la oficina, Zarco, el agente que llevaba su caso, corrió hacia ella alterado:

—Señorita Suárez, qué bueno que llegó. Hay alguien aquí que quiere verla.

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