Seguramente ni siquiera el propio Don Elías Zambrano predijo que las cosas terminarían así.
Cuando el viejo patriarca se llevó a los altos mandos de la familia al extranjero para expandir los negocios, pensó que lo dejaba todo controlado.
Se suponía que regresarían al país el próximo año.
Para cuando se enterara del desastre, ya sería demasiado tarde.
Vera aceptó el dinero sin el menor remordimiento.
Si le caía del cielo, no iba a pecar de orgullosa rechazándolo.
Para los demás no sería un acto de dignidad, sino de absoluta estupidez.
Ya que tenía la oportunidad de vaciarle los bolsillos a Sebastián, si no podía arruinarlo, al menos iba a sacarle todo el jugo posible.
Con semejante fortuna en su cuenta, Vera no pensaba escatimar.
Ya estaba buscando una nueva casa.
Y también había decidido cambiar de auto.
Sería la forma perfecta de cortar los lazos con su vida pasada.
Aprovechando su hora de comida, Vera se fue directo a una agencia de lujo.
Compró una camioneta Land Rover Range Rover último modelo.
Amplia, elegante, perfecta para los negocios y comodísima para la familia.
Por suerte, tenían una disponible en la sala de exhibición y se la llevó al instante.
Fueron más de cuatro millones de pesos, pero era su primer vehículo de lujo en la vida.
También eligió las placas nuevas, asegurándose de que tuvieran sus números de la suerte.
Todo esto mejoró bastante su mal humor.
Manejó su nueva camioneta hasta las oficinas de Héxilo Digital.
Justo cuando esperaba el ascensor, las puertas se abrieron y se topó de frente con Silvana.
Al ver a Vera, Silvana no pudo disimular su sorpresa y de inmediato arrugó la nariz con desprecio.
—¿Qué haces tú en este edificio? —preguntó.
Vera la barrió con la mirada, no se molestó en contestar y pasó directo al ascensor.
Silvana se quedó mirando las puertas cerradas, maquinando en su cabeza.
Solo había una explicación lógica.
Vera debía estar buscando empleo de bajo nivel.
Esa misma mañana, Silvana había entregado una propuesta comercial en el departamento de investigación de Héxilo. Su objetivo era integrarse al equipo principal y usar eso como trampolín para asociarse con entidades gigantes como las Clínicas CIMA.
Si Vera estaba ahí pidiendo trabajo, entonces no había nada de qué preocuparse.
El currículum de Vera no pasaba de ser una simple enfermera de urgencias. ¡Qué ilusa, apuntando tan alto!
Y si por un milagro de la vida lograba entrar a Héxilo...
Silvana seguiría siendo su superior.
En cuanto se cerrara el trato con Héxilo, Vera no sería más que su empleada.
***
La respuesta de Héxilo Digital no se hizo esperar.
Silvana estaba en un restaurante de lujo almorzando con Sebastián y Leo Flores.
Estaba de un humor excelente.
Pensaba en lo divertido que sería tener a Vera como subordinada.
Pronto esa fracasada entendería lo miserable que era su vida.
—¿Por qué tanta sonrisa? —preguntó Leo, notando su buen humor.
Sebastián también la miró.
Silvana se rió suavemente:
—Ay, es que hoy me topé con alguien muy patético. Se esfuerza tanto que hasta da lástima.
Ir a pedir trabajo a Héxilo Digital con ese currículum... Vera realmente daba pena ajena.
—¿Quién era? —insistió Leo.
—Nadie importante.
Por supuesto que no pensaba darles el nombre.
Sebastián empujó el menú hacia ella con delicadeza.
—Pide lo que se te antoje.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...