Ese título de "amante" hizo que hasta Leo tosiera disimuladamente.
No pudo evitar observar a Vera con detenimiento.
¿Acaso Vera siempre había tenido ese... peculiar sentido del humor negro?
Silvana curvó los labios en una sonrisa gélida, no queriendo rebajarse a discutir esos comentarios que, a su parecer, nacían de puros celos y amargura.
Su mirada se posó en el vehículo de Vera: —¿Es tu auto?
—Lo robé —respondió Vera, sintiendo que la pregunta de la otra mujer era una reverenda estupidez.
Su respuesta fue igual de desganada.
Sebastián le lanzó una mirada indescifrable.
Vera no cambió su expresión.
No iba a dejar que Sebastián le pasara factura solo por haber llamado "amante" a su amiguita.
Leo sabía que últimamente Vera estaba actuando de manera poco convencional para llamar la atención, así que decidió hablar por Silvana para señalar el problema: —Vera, creo que deberías reflexionar un poco. Usar placas de pareja con Sebastián no es apropiado, ¿verdad? ¿No crees que eso hará que la gente te confunda con la esposa del Señor Zambrano?
¿Placas de pareja?
Vera frunció el ceño.
Siguió la dirección en la que apuntaba Leo.
No muy lejos de su vehículo, había un Rolls-Royce último modelo estacionado. Los primeros números de la matrícula eran exactamente iguales a los suyos, con la única diferencia del último dígito: el de ella terminaba en 7 y el de Sebastián en 3.
Cualquiera que los viera pensaría que eran placas de pareja.
Estando estacionados tan cerca, llamaban muchísimo la atención.
Especialmente porque ambos eran autos de lujo extremo.
Sin embargo, la frase de Leo sobre "confundirla con la esposa de Sebastián" era realmente irónica.
Ella era su legítima esposa, con papeles y todo. ¿Acaso necesitaba usar la palabra "confusión" para aclarar su relación?
¿Así que por esto estaba haciendo un escándalo Silvana?
—Qué matrículas tan parecidas, qué casualidad. Te has esforzado mucho —dijo Silvana, mirando a Vera por encima del hombro, sin cambiar el tono, pero con una sonrisa tensa en los labios.
—¿Insinúas que lo hice a propósito? —Vera entendió perfectamente su indirecta.
Pero Silvana soltó una risita: —Yo no dije eso. ¿Por qué te apresuras tanto en justificarte? Ni siquiera estoy enojada contigo.

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