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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 55

El rostro de Ivonne Herrera se transformó.

Su primer instinto fue maldecir a gritos, pero miró de reojo la expresión de Vera, temerosa de que un arrebato la lastimara más.

Pero Vera no estalló.

Porque lo que Silvana Iriarte escupía no eran palabras al viento; estaban respaldadas por los hechos.

¿Qué podía decir?

¿Darle la razón? ¿Refutarlo? ¿Negarlo? ¿Insultarla?

Cualquier emoción que mostrara solo la haría ver patética.

Vera dio media vuelta y se marchó junto a Ivonne.

Leo Flores se acercó en ese momento. —Espero que Vera lo entienda de una vez, ocupar un lugar que no le pertenece es torturar a los demás y torturarse a sí misma.

Silvana arqueó una ceja.

Para ella, si Vera tuviera un mínimo de dignidad, se habría divorciado en silencio y hecho un favor a todos, ganándose así algo de buen karma. Obstaculizar el amor verdadero de otros era un pecado que ni el cielo podía tolerar.

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Ivonne estaba que echaba humo. Había sentido en carne propia la impotencia y el agotamiento de Vera.

Si el marido de Vera no fuera el intocable y poderoso Sebastián Zambrano, Vera habría tenido el poder de voltearles la mesa a todos en la cara.

Pero la realidad era cruel.

Vera tenía que pensar a largo plazo; el precio de actuar por impulso era demasiado alto.

—¡Esa maldita cara de suficiencia que tenía la perra! Siento que necesito unas gotas para el corazón.— Ivonne seguía furiosa por la última frase de Silvana.

Si el asesinato no fuera ilegal, le habría pasado el auto por encima con gusto.

—Lo que más odio ahora es no haber estudiado derecho. Si yo estuviera en el poder, cambiaría la ley y agregaría un artículo: ¡Toda persona que se meta en la relación de otros irá directamente a la cárcel! Sin la amenaza de la ley o un castigo severo, esta calaña hace lo que se le da la gana.

Después de lo vivido, Vera se sentía agotada.

Aun así, levantó el pulgar. —Yo apoyo tu candidatura para la alcaldía de la capital, así les das una lección todos los días.

Ivonne hizo un puchero: —Ay, Vera, no sé cómo todavía puedes reírte.

Vera miró hacia el cielo.

—La vida es demasiado larga. Hundirse en el dolor sin poder salir es un castigo para uno mismo. Si hay cosas que no puedo entender, prefiero dejar de pensar en ellas.

Ivonne abrió la boca, pero no supo qué añadir.

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