Sebastián continuó con su habitual contundencia: —Si sigues afirmando a los cuatro vientos que el hijo es mío, no tengo ningún inconveniente en solicitar una prueba de paternidad por amniocentesis.
Al escuchar esto.
A Silvana se le esfumaron todas las fuerzas.
Incapaz de sostenerse, cayó desplomada al suelo. Una desesperación abrumadora la sepultó por completo.
¿Una prueba de paternidad por amniocentesis...? ¡¿Cómo iba a atreverse?!
Sin embargo.
Su reacción fue una respuesta más que evidente para todos. Los invitados presenciaron en primera fila su desesperación, su miedo y su resistencia.
Todo quedó al descubierto.
Silvana había estado mintiendo desde el principio.
Para intentar trepar hasta Sebastián y ganar estatus usando un embarazo ficticio como excusa, y aun siendo expuesta frente a todos, prefirió seguir mintiendo e inventando excusas descaradamente.
De inmediato, un torrente de murmullos estalló en el salón.
—¡O sea que todo este tiempo esta tipa se montó su propia película! Si el Señor Zambrano de verdad tuviera algo con ella, ¿crees que ella tendría que montar todo este teatrito?
—Tan joven y con tan poco respeto por sí misma. ¿Acaso no se ha mirado al espejo para saber en dónde está parada?
—Con razón el Señor Zambrano y su familia no tuvieron problemas en enfrentarla delante de todos. El que nada debe, nada teme. ¿Quién más haría pública una "vergüenza" familiar?
—¿No se suponía que era una mujer muy educada y refinada? ¡Qué rastrera!
Las voces resonaban desde todos los rincones del salón.
Cada palabra se clavaba como un aguijón en el cuerpo de Silvana, provocándole temblores incontrolables.
Vera contempló a Silvana con sentimientos encontrados mientras observaba su rostro lívido.
Al fin y al cabo, minutos antes la propia Silvana le había restregado en la cara que hoy sería el día en que la familia Zambrano la aceptaría, y resulta que la historia había dado un giro monumental...
Vera dirigió su mirada hacia Don Elías, que seguía en el lugar de honor bebiendo su té, completamente imperturbable.
Desde el primer segundo en que Silvana apareció exigiendo "su lugar", el anciano no había mostrado ni un milímetro de emoción.
Parecía que le daba cuerda para hablar, pero en realidad...
Solo estaba observando cómo ella misma daba pasos ciegos hacia el borde del abismo.
Aquello no era más que una encerrona perfectamente planeada.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...