El rechazo tajante y el absoluto desprecio de Doña Valente provocaron murmullos de asombro entre los presentes.
A sus ojos, sin importar si lo que se veía en el video era completamente exacto, Silvana ya se había convertido en el mayor hazmerreír de todos. Había maquinado durante años para aferrarse a la familia Valente, e incluso estando embarazada, no logró obtener ningún beneficio.
Y ahora, era humillada y rechazada públicamente por esa misma familia como si fuera basura.
Había sido despojada de todas sus mentiras.
Silvana se mordía el labio con fuerza, clavando la mirada en la expresión de profundo asco de Doña Valente. ¡Cada palabra era como una puñalada lenta para ella!
¡La evitaban como si fuera una especie de virus contagioso!
—¿No tiene la familia Iriarte un niño? La edad coincide... ¿No significa esto que hizo que sus propios padres criaran a su hijo mientras ella se hacía pasar por una joven pura e inmaculada?
Entre los invitados que observaban la escena, un hombre de mediana edad lanzó el comentario cargado de sarcasmo.
Esa frase encendió las alarmas de todos.
Las miradas que ahora se posaban sobre ella estaban cargadas de un desprecio mucho más abierto.
Un zumbido ensordecedor estalló en la cabeza de Silvana.
Sus dedos se aferraban con fuerza a la alfombra.
Quería escapar.
Pero, sostenida por los guardias de seguridad, sus brazos y piernas estaban completamente flácidos.
Empezaba a arrepentirse.
No debió haberse negado a confesar, no debió haber insistido frente a todos en que el hijo que esperaba era de Sebastián. Si no lo hubiera hecho, Don Elías no habría expuesto su pasado para desenmascarar sus mentiras.
Pero ahora...
Era demasiado tarde.
Después de esta noche, se convertiría... en la persona más famosa de la capital.
El solo pensarlo hacía temblar hasta su alma.
Pero...
—¿El joven Valente consumió lo que no debía? Ahora lo van a investigar, ¿no? —comentó alguien deliberadamente, como si disfrutara del caos.
Fue como echar una gota de agua en aceite hirviendo.
Inmediatamente se desató otro revuelo.
Don Elías miró a su esposa sin rastro de expresión en su rostro.
La expresión de Doña Isabel cambió drásticamente. Al escuchar cómo Doña Valente intentaba arrastrarla, respondió de inmediato, a la defensiva: —No sé de qué estás hablando. Nadie obliga a nadie a cometer actos ilícitos. ¡Lo que deberías hacer en este momento es educar a tu propio nieto!
Doña Valente se llevó la mano al pecho, furiosa.
Tadeo, como un loco, intentó abalanzarse hacia Sebastián.
Pero los guardias lo detuvieron de inmediato.
Sebastián levantó la mirada: —El video fue grabado por Silvana para chantajearte. No se eliminó y por eso terminó exponiéndose. ¿Nunca te preguntaste por qué no lo borró? Simplemente pensaba que, algún día, podría usarlo para amenazar a tu familia; eras su plan de respaldo.
Sus palabras fueron tan certeras que helaron la sangre de los presentes.
Silvana tambaleó aún más.
Porque...
Sebastián había leído sus exactas intenciones desde el principio.
Cuando intentó negociar con Tadeo, su embarazo ya estaba avanzado. Pensó que, al estar de tantos meses, él no tendría más remedio que reconocerlo. Pero jamás imaginó que aquel hombre sería tan miserable.
Él solo le dio una respuesta: "O tomas el dinero y abortas, o lo tienes y lo crías tú misma. No pienso reconocer a ningún bastardo. Aunque des a luz a diez, no me conmoverás. Las mujeres que quieren usar un hijo para amarrarme hacen fila hasta dar la vuelta a la calle. Después de hoy, ni siquiera me acordaré de tu cara".

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...