Al mirar su espalda en ese instante, a Vera casi le dio risa por la pura indignación. Corrió tras él haciendo resonar los tacones en el suelo: —Sebastián, ¿acaso no entiendes cuando te hablan?
De por sí, había estado de mal humor todo el día por haber tenido que fingir y lidiar con toda esa falsedad.
Y ahora, su actitud lograba sacarla aún más de quicio.
Sebastián se detuvo lentamente y giró hacia ella: —¿Estoy interfiriendo con otros planes que tengas?
Vera no tenía ganas de discutir para ver quién tenía la razón: —Llevamos mucho tiempo divorciados. ¿Acaso te acabas de pelear con tu novia y de repente tu exesposa te parece más atractiva? ¿No fue suficiente el teatrito durante la cena?
La actitud de él le resultaba completamente incomprensible.
Que la hubiera cuidado durante la cena para evitar chismes, lo entendía.
Pero ahora que no había nadie a quién fingirle, que insistiera en llevarla a casa, le parecía innecesario al extremo.
Sebastián la observó con frialdad, ignorando por completo la palabra "novia". —Entonces resultaste ser una exesposa bastante ineficiente. Con una oportunidad así para hundirme en mi peor momento, ni siquiera sabes aprovecharla.
Sonaba casi como si la estuviera llamando estúpida.
Vera se cruzó de brazos y sonrió, pero sus palabras llevaban veneno puro: —Dado que tu novia lleva en su vientre el hijo de otro hombre, puedo entender perfectamente tu estado de ánimo en este momento, pero no puedo consolarte, ni tampoco tengo la obligación de hacerlo. Deberías ir a buscar a un terapeuta de 3000 pesos la hora.
Aunque la noche había sido un sinfín de revelaciones grotescas.
Y los turbios secretos de Silvana la habían dejado asqueada.
Y a pesar de que parecía haber ocurrido una enorme fractura entre Silvana y Sebastián, transformando esta noche en su fiesta de separación oficial...
Quería decirle que todo era cuestión del karma.
Pero si se burlaba de él ahora, parecería que aún le importaba, y no estaba dispuesta a desperdiciar saliva y energía solo para que Sebastián sacara conclusiones equivocadas.
Sebastián se plantó firme en su lugar.
Manteniendo su mirada fija en la de Vera: —Gracias por la sugerencia. Conoces bien los precios, ¿lo has probado? Pásame el contacto.
Vera frunció el ceño instintivamente.
Apretó los labios durante unos segundos.
Por un largo instante, pensó que Sebastián definitivamente estaba loco.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...