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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 672

Fue realmente una casualidad.

Cuando él descubrió esa línea de tiempo, las sospechas nacieron de inmediato.

Vera comprendió a qué se refería Sebastián.

No existían casualidades tan perfectas.

Si su madre hubiera querido entregarle la joyería a Saúl Iriarte por voluntad propia, él no habría tenido necesidad de falsificar documentos. Y si falsificó todo para quedarse con el local justo un día antes de que su madre sufriera el accidente...

No estaba segura de cuánto se había involucrado Saúl en todo eso.

Pero quien había pagado para matarla, sin duda, había sido Beatriz.

Vera respiró profundo, consciente de que había sido Sebastián quien había atado los cabos y encontrado la prueba clave.

—Gracias —fue lo único que Vera pudo decir.

De todas formas, Sebastián no buscaba que ella le devolviera el favor, ni mucho menos quería usar aquello para reclamar una recompensa.

Él respondió con frialdad:

—Fue solo de paso.

Esa actitud tan distante e indiferente dejó sin espacio cualquier otra muestra de gratitud por parte de Vera. Si a él no le importaba y ni siquiera intentaba sacar ventaja de la situación, ella tampoco insistiría en compensarlo.

Ya no tenían nada de qué hablar.

Las emociones de Vera eran un torbellino, y ya no tenía ganas de ir a la joyería por su propio auto.

Simplemente dijo:

—Llévame a casa del maestro Cárdenas, ¿te es posible?

—Sí.

Sebastián giró el volante para cambiar de dirección.

Durante el trayecto, ninguno de los dos pronunció palabra.

Parecían peores que unos completos desconocidos.

Pero, por suerte, ninguno se sentía incómodo; ambos estaban sumergidos en sus propios pensamientos.

En el camino, Vera le envió un mensaje de WhatsApp a Cárdenas avisándole que llegaría en unos diez o quince minutos.

El guardia de seguridad la reconoció, así que dejó pasar el auto de Sebastián sin problemas.

Se cruzó en silencio con la mirada de Adriano.

El tono de Adriano había sido tranquilo, pero el trasfondo de sus palabras dejaba clara su "posición especial" en la vida íntima de Vera. Estaba asumiendo el papel de anfitrión, agradeciéndole a él, que ahora era...

Un intruso.

Sebastián permaneció al otro lado del auto, con el mismo semblante frío que había mantenido todo el tiempo:

—Es usted muy amable, señor Herrera.

—Es lo mínimo —Adriano miró su reloj—. Ya es un poco tarde, no le quitaremos más tiempo. Tenga cuidado en el camino.

Todo con una educación impecable.

Vera no notó nada extraño en la interacción. De por sí, Sebastián siempre era un hombre ocupado, y ella no tenía la menor intención de invitarlo a pasar. Además, sabía que el maestro Cárdenas no sentía mucha simpatía por él.

Así que repitió la misma frase que Adriano:

—Ten cuidado en el camino.

Sebastián observó la escena frente a él.

Vera y Adriano de pie, uno al lado del otro, enfrentándolo juntos, como una pareja de recién casados despidiendo a una visita.

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