La mirada de Silvana se congeló de inmediato.
Miró con burla a Vera, que seguía sentada junto a Pedro.
¡Conque por ahí iba el asunto!
Sebastián no pareció sorprenderse. —Pedro, eso no es apropiado.
A Vera tampoco le sorprendió que él saliera en defensa de Silvana. ¿Cómo iba a permitir que pasara la más mínima humillación?
—No te preocupes, es por el bien de todos. —Silvana ordenó sus pensamientos rápidamente, levantó un poco la barbilla y miró a Vera—. Todos aquí trabajamos por la ciencia y por salvar vidas. Es solo que me importa demasiado la calidad y la armonía del equipo. Espero que no te ofendas por mis principios inquebrantables como investigadora.
Al escucharla, Vera soltó una leve sonrisa.
Vaya manera de darse importancia.
Con unas cuantas palabras, fingió una disculpa mientras, en el fondo, seguía atacándola y jactándose de su pureza profesional.
Si Vera decidía aferrarse a su orgullo, ¿acabaría siendo ella la mala de la historia?
—Sobre el retraso, no hay discusión. Para compensar el tiempo perdido de todos, puedo invertir cincuenta millones más.
Sebastián intervino en el momento justo.
Y, como quien no quiere la cosa, borró de un plumazo el tema de la disculpa de Silvana.
Vera apretó el teléfono en su mano de manera inconsciente.
Un destello de sarcasmo asomó en sus ojos.
¿Cómo no darse cuenta? Sebastián solo quería evitar que siguieran acorralando a Silvana.
A pesar de que Vera no había hecho absolutamente nada.
Y a pesar de que Silvana no había sufrido el más mínimo daño.
Él ya estaba ahí, protegiéndola con todo su corazón.
Y hacer esa inversión justo en ese momento...
No solo evitó que Silvana quedara mal, sino que la elevó a un nivel de prestigio indiscutible.
Efectivamente.
En cuanto Sebastián terminó de hablar, la alegría inundó los rostros de los presentes.
Todos miraron a Silvana con infinita gratitud. —¡Señorita Iriarte, el señor Zambrano es tan bueno con usted! Piensa en cada detalle y es tan generoso. ¡Tenerla aquí es una verdadera bendición para nosotros!
—Así es, todos sabemos que usted es una profesional con valores. En este medio, lo que más hace falta es gente con principios como usted.
—Esta muestra de amor en público nos ha dejado boquiabiertos.
Silvana sonrió con lentitud. La mirada que le dedicó a Sebastián se volvió aún más dulce y melosa. —Sebastián solo apoya mi carrera. Si puedo hacer algo por todos ustedes, aunque solo sea con apoyo económico, es un verdadero honor para mí.
Vera ya no tenía ganas de seguir viendo cómo su esposo colocaba a Silvana en un pedestal.

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