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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 842

Alexa se llevó la mano a la mejilla, pero no dijo nada.

—¡Idiota! Cruzaste la única línea roja de los Valdés, ¿y todavía esperas salir ilesa? Si querías competir con Vera, está bien, pero ¡qué estupidez ir a provocar a Sebastián! ¿Quién te crees que es ese hombre? ¡Apenas era un adolescente y se atrevió a provocar un incendio que casi mata a su propio padre! A esa misma edad fue nombrado el único heredero, aplastando a su padre y a sus tíos hasta dejarlos sin poder absoluto. ¿De verdad creíste que todo eso lo logró solo por el privilegio de ser el nieto mayor?

Viviana estaba perdiendo el control por completo.

Su plan original siempre fue avanzar poco a poco.

Realmente no estaba al tanto de los enredos de Alexa con Sebastián.

Desde su perspectiva, si Alexa no hubiera cometido la estupidez de provocar a Sebastián, cualquier cosa que hiciera contra Vera a escondidas jamás habría salido a la luz. Sebastián no habría intervenido y jamás habrían sido exiliadas y repudiadas de esta manera.

Viviana nunca había logrado ganarse un lugar legítimo en la familia.

Ahora que Alexa había sido desterrada de forma oficial, ¿qué le quedaba a ella además de aferrarse a la culpa y a la lástima que Ciro le tenía?

—¿Acaso soy yo la que te arruinó?

Alexa se limpió lentamente el hilo de sangre que le corría por la comisura de la boca.

Aunque seguía teniendo ese rostro de muñeca, la inocencia había desaparecido, reemplazada por una mirada llena de burla.

—Veinte años... Papá ni siquiera te ha dado un título oficial en todos estos años. Dices que soy una inútil y que no pude ganarle a Vera, pero, ¿acaso tú eres mejor? ¿Acaso le ganaste a Raquel?

—¡Alexa!

Ese nombre fue como pisar una herida abierta.

El nombre de Raquel era su mayor tabú.

Todo en Viviana se volvió hostil, como si quisiera devorar viva a Alexa.

Pero Alexa no mostró miedo.

—Madre, si no puedes depender de mí, más te vale mantener bien oculto lo que pasó hace años. Porque si la familia y papá llegan a descubrirlo, entonces sí estaremos completamente acabadas, sin siquiera un lugar donde caer muertas.

Se puso de pie.

Miró el rostro retorcido de Viviana.

Allí no quedaba ni una sola gota de amor maternal.

Un repentino odio brilló en los ojos de Alexa.

—Todo este tiempo he tenido que vivir como un fantasma en la familia Valdés, sin nombre ni estatus, ¡y todo es por tu culpa! No tienes ningún derecho a culparme.

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