Su mente se había relajado de manera natural.
Tarde o temprano, Lina descubriría que Sebastián era su padre biológico, pero Vera no iba a decidir por ella sobre sus asuntos de padre e hija solo porque aún era pequeña.
Esa era su mayor concesión.
Sebastián sostuvo la mirada sincera de Vera.
En el pasado, ella solía sonreír mucho. Y cuando lo hacía, esa barrera de frialdad y perfección se desvanecía, dejando ver los adorables hoyuelos en sus mejillas. Esa era su esencia: pura, pero no débil; capaz de amar y de odiar, y también de dejar ir.
En ese momento, Vera le estaba diciendo que lo había dejado ir por completo y que estaba lista para avanzar sin cargas.
La observó durante un largo rato.
Era la primera vez en muchísimo tiempo que hablaban con tanta calma.
Pero esa misma calma representaba un punto final.
Después de un largo silencio, la manzana de Adán de Sebastián se movió. Parpadeó levemente y dejó escapar un suave «Mhm».
Vera se dio la vuelta.
Apenas dio el primer paso, volteó a verlo de nuevo.
—Gracias.
Se marchó.
Sebastián se quedó de pie en el mismo lugar por un largo rato.
El viento soplaba fuerte.
Parecía que la nieve venía mezclada con el viento, golpeando helada contra su piel.
Bajó la mirada. Cuando volvió a levantar el rostro, su habitual frialdad implacable había regresado. Subió al auto con pasos firmes.
—A la Mansión Zambrano.
En ese momento, la familia Zambrano era un caos total.
Sergio Zambrano había llegado de prisa.
Doña Isabel había sufrido una crisis de hipertensión y ni los medicamentos lograban estabilizarla.
Y la razón de todo este desastre era la farsa de boda en la familia Herrera.
La noticia ya había inundado la ciudad.
A estas alturas, todos sabían que Vera no solo era «Faye» y la profesora más joven de la Universidad Central, sino que era la nieta biológica de Doña Elia de la influyente familia Valdés. Además, su hija con Sebastián había sido registrada oficialmente con el apellido Valdés a los ojos de todo el mundo. Y lo más humillante era que todo esto había sido orquestado por su propio padre, Sebastián Zambrano, quien tramitó la transferencia después del divorcio, dándole a la niña el poderoso respaldo inquebrantable de una familia tan formidable.
Los Zambrano se habían quedado con las manos vacías.
En esta situación, habían perdido cualquier oportunidad legal de disputar la custodia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...