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Hormonas traicioneras romance Capítulo 1

—Leo, eres pésimo en la cama. Terminamos.

Hace seis años, América Sandoval, la hija mayor de los Sandoval, soltó esa frase y, con total frialdad, abandonó a Leonardo Larraín, quien en ese entonces no tenía ni un peso, para casarse por conveniencia con Roberto Monteverde, el hijo del alcalde de Puerto San Luis.

Seis años después, la familia Sandoval estaba en la quiebra, América sufría violencia doméstica a manos de Roberto y había decidido divorciarse. Fue en su momento más humillante y miserable cuando se reencontró con Leonardo.

...

En la cafetería.

América, con lentes oscuros y una gorra bien puesta hasta las cejas, estaba sentada junto al ventanal, mirando su reloj una y otra vez.

Hoy tenía una cita con su abogado de divorcio, pero por alguna razón, la hora acordada ya había pasado y él no aparecía. Justo cuando iba a llamarlo, la puerta de la cafetería se abrió y entró un hombre alto.

Llevaba un traje gris de tres piezas, camisa negra y corbata a rayas; su porte destilaba elegancia y dinero. Desde que cruzó el umbral, varias meseras no pudieron evitar mirarlo. Tenía unas facciones tan perfectas que parecían sacadas de una película, no de la vida real.

Si a los demás les impactaba su atractivo, a América le dio un vuelco el corazón del susto.

Porque aquel hombre era Leonardo, su primer amor y exnovio, al que había mandado a volar con aquel cruel «eres pésimo en la cama»

En seis años, Leonardo parecía haber renacido en otra persona.

En sus recuerdos, él siempre vestía camisas de lino blanco, con un aire fresco e impecable, como el típico niño bien. Pero el hombre frente a ella ya no tenía nada de esa inocencia juvenil. Sus facciones se habían endurecido, volviéndose más severas y atractivas, y su mirada tenía una frialdad agresiva, como la de un depredador peligroso.

América sentía que el corazón se le iba a salir del pecho de lo fuerte que latía. Se bajó la visera de la gorra con pánico, rezando para que Leonardo no la viera.

Ayer Roberto la había golpeado y tenía la cara llena de moretones. No quería que Leonardo la viera en ese estado tan lamentable. Prefería que el último recuerdo que él tuviera de ella fuera el de aquella mujer arrogante e irrazonable del día de la ruptura, y no esta imagen de víctima derrotada en la que se había convertido.

Capítulo 1 1

Capítulo 1 2

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