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Hormonas traicioneras romance Capítulo 2

América levantó la cabeza de golpe.

—¿Por qué? ¡Yo tenía una cita con el abogado Ibarra!

—Al fin te dignas a mirarme.

América se quedó pasmada.

A través de los cristales oscuros, la mirada de Leonardo era indescifrable y fría, con el aire de alguien que tiene el control total.

Ella dejó de lado las precauciones y exigió:

—¿Por qué no va a venir Ibarra?

—Francisco cometió múltiples irregularidades durante su ejercicio. Hoy fue expulsado del bufete y se le revocó la licencia.

—Ayer por la noche hablé con él y hoy ya no tiene licencia. ¿Cómo puede haber una coincidencia así? Leonardo, lo hiciste a propósito, ¿verdad?

—¿Por qué lo haría a propósito? ¿Para verte? —Leonardo soltó una risa fría—. América, ¿acaso crees que todavía siento algo por ti?

América no era tan ingenua para creer eso. Sabía que Leonardo la odiaba; ningún hombre seguiría enamorado de la mujer que pisoteó su dignidad.

—No quise decir eso.

—¿Entonces qué quisiste decir?

—Quise decir que... probablemente viniste a propósito para burlarte de mí.

—Al menos te ubicas.

Lo admitió. Realmente estaba allí para verla caer.

Aunque América lo sospechaba, escucharlo de su boca le provocó un dolor agudo en el pecho.

Durante los seis años de matrimonio con los Monteverde, la relación había sido un infierno. Sus suegros la despreciaban y, tras la quiebra de los Sandoval, los Monteverde la trataron peor que a un mueble viejo. Su vida había sido un desgaste lento y doloroso. El orgullo que alguna vez definió a la «Señorita América» había sido hecho pedazos por la realidad hasta desaparecer. Había mucha gente esperando verla fracasar, pero si alguien tenía el derecho legítimo de burlarse, ese era Leonardo.

Capítulo 2 1

Capítulo 2 2

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