Entrar Via

Impacto italiano romance Capítulo 7

—Alessandra D’Santi, no has contestado a mi pregunta— ¿vendrás conmigo esta noche, sí o sí? — inquirió Paulina risueña, mientras preparaba el desayuno en su departamento—. Unos huevos revueltos con jamón serrano, tostadas con mantequilla y jugo de naranja.

Alessandra se había quedado a dormir la noche anterior y estuvieron hasta la madrugada viendo películas de terror.

—No estoy segura, se supone que este fin de semana no fui a visitar a mamá porque estaba demasiado cansada—. Tuve una semana de locos y no imagino lo que será la próxima que el señor Vittorio se vaya de viaje, seguramente tendré mucho más por hacer—contestó Alessandra, colocando los platos y cubiertos sobre el comedor.

—¿Por qué le dices señor Vittorio? — ¡Es tan joven como tú y yo!

—Pau, es mi jefe, ¿no crees que eso es suficiente razón?

—Vittorio es un loquillo, no tiene nada de señor, es divertido, buena gente, bromista y muy educado.

—Eso es porque tú lo conoces en una faceta de su vida muy diferente a la que yo acostumbro, es tu amigo, han salido juntos a divertirse, llevan conociéndose más tiempo, en cambio, lo mío es distinto, porque yo soy su asistente y trabajo para él.

—Entiendo tu punto y tienes razón, pero bueno, ese no era el asunto, lo importante aquí es que vengas a divertirte hoy—¿Piensas quedarte sola, en tu departamento, un sábado por la noche? —¡Qué aburrido! — se quejó la morena.

—Mmmm, aburrido no, hay muchas cosas que puedo hacer, como dormir y comer, o comer y dormir—se burló Alessandra.

La modelo revoleó los ojos.

—Ya Ale, en serio, Vittorio va a estar ahí, puedes conocerlo en esa faceta suya que dices no conocer, su relación de trabajo podría mejorar si se trataran un poco más fuera de la empresa—. Bruno también irá y otros amigos que puedo presentarte, la pasaremos bien, anda, anímate, no quiero dejarte sola.

—Ahora que sé mi jefe estará ahí, menos ánimos tengo de ir, ni siquiera podría divertirme con él cerca todo el tiempo—¡Qué vergüenza!

—¿Vergüenza por qué? —Cada uno tiene una vida aparte del trabajo, él es joven, se divierte como tú, yo o cualquier otro chico de su edad, no te acomplejes por eso, solo vamos y disfrutemos de esta noche, además, no es como si vas a estar con él, hoy no serás su asistente, hoy serás una chica común, que va al antro de reventón, esta noche serás simplemente, Alessandra D’Santi—. Aparte, estoy deprimida por mi ruptura con el estúpido de Fabrizio y tú no vas a dejar a tu mejor amiga salir sola y triste, ¿verdad? —hizo pucheros.

—Eso es chantaje—se quejó Alessandra entre risas, al verle hacer ese gesto tan infantil, pero que se veía hermoso en su preciosa amiga.

—Puede ser, aunque, quizás y funcione—le respondió Paulina haciendo un guiño.

—Igual y tienes algo de razón, casi nunca me divierto, en Canterbury me la pasaba todo el tiempo en casa, así que, ¿por qué no divertirme y ser yo misma por esta noche? — Disfrutar ahora que se es joven y por supuesto, ayudar a mi mejor amiga a sobrellevar su crisis amorosa.

—Óyeme, lo dices como si me estuviera muriendo de dolor, ese idiota ya no me interesa.

—Si tú lo dices...

—Bueno, ¿vas a acompañarme si o no?

—Querida Paulina Ambrosio, esta noche tú y yo, NOS VAMOS DE REVENTÓN.

******

—¡PAUUU! Esto es demasiado corto, no puedo salir así— exclamó Alessandra horrorizada, mientras se veía el Jumpsuit rojo que Paulina le escogió para vestir.

—Ay Ale, no seas paranoica, te queda a mitad del muslo, no muestras piel de más, es muy discreto y te queda precioso, con ese cuerpo tuyo tan espectacular todo te queda bien, además, vamos al antro, no a misa.

—A mí me sigue pareciendo muy indiscreto, el señor Vittorio va a estar ahí, ¿qué va a pensar de mi si me ve así? —Prefiero llevar unos vaqueros, me sentiré más cómoda.

—No, no, no, definitivamente no, Alessandra D’Santi—¿o te parece mejor, Sor D’Santi? ¿No quieres que te consiga un hábito? — Digo, quizás con eso si te sientas mejor.

—Tampoco exageres, es solo que no me siento cómoda, el señor...

—El señor, el señor, el señor, deja al señor Vittorio en paz—¿Qué parte de que estás fuera del trabajo no entiendes? — Hoy no importa tu jefe, hoy solo importas tú, es tu vida, él no tiene porqué entrometerse en lo que hagas o dejes de hacer fuera de la empresa, puedes hacer lo que se te venga en gana—. compréndelo de una vez.

—No te enojes, Pau, ya pareces mi mamá— se rio. —Es que no sé por qué me siento tan nerviosa hoy, sabes que yo no acostumbro a salir mucho.

—Te entiendo, Ale y no estoy molesta, solo quiero que te distraigas, que te relajes y sobre todo, que te diviertas, que disfrutes, eres joven y bonita, no puedes estar toda la vida tan ensimismada en ti misma—. El jumpsuit te queda lindo, mírate, te ves fabulosa, por otra parte, si te parecía tan corto, ¿por qué lo compraste?

—No me parecía corto cuando se lo vi puesto al maniquí en él exhibidor y pensándolo bien, tienes razón, no se ve para nada indiscreto, me lo voy a dejar.

—¡Perfecto! — ahora que ya estás convencida de lo que vas a usar, voy a terminar de arreglarme, si no, nunca nos vamos a ir y ya me pican los pies por bailar—. Nos vemos al rato.

Una hora después, Alessandra estaba totalmente lista. Se había dejado el jumpsuit rojo y lo combinó con una cartera de mano dorada y sandalias del mismo tono. Se arregló el cabello, lo dejó suelto y cayendo en ondas sobre su espalda, se maquilló más de lo normal, nada exagerado y para finalizar, selló el look con un labial rojo.

Estaba fascinantemente hermosa.

Paulina tocó su puerta unos quince minutos más tarde, también iba vestida de rojo, solo que ella usaba un vestido, un tanto más corto, pero como su contextura era más delgada, no se le veía para nada vulgar.

Sin retrasarse en nada más, salieron rumbo al antro seguras de que esa noche lo pasarían en grande. El camino no les tomó más de treinta minutos, menos cuando a la morena le gustaba conducir a una velocidad muy poco prudente. Una vez que se estacionaron, se dirigieron a la entrada de la discoteca, para pronto adentrarse y perderse entre la multitud. El lugar estaba a reventar y la música les retumbaba fuertemente en los oídos. Llegaron a la mesa en donde se encontraban ya Bruno, Vittorio y otros chicos más, entre ellos mujeres.

—Hasta que por fin llegaron las chicas más lindas de todo Londres y de rojo, estupendo—dijo Bruno pícaro, alzando ambas cejas al acercarse a saludar. Saludó con un beso a ambas y luego las acercó a la mesa con el resto del grupo.

—¡Vittorio! — chilló Paulina, cuando divisó al guapo rubio de ojos azules.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano