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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 24

Lo que más sorprendió a Vania fue que, si fuera cualquier otro hombre, ya estaría llamando a una ambulancia después de tremenda patada. Pero él, con el apuesto rostro contorsionado por el dolor, aún intentaba acercarse de nuevo.

Por pura desesperación, ella soltó de golpe:

—Cuñado, esto que estamos haciendo está mal.

Hugo atrapó sus largas piernas para evitar que le diera otra patada. Soportando aquel doble dolor insoportable, la presionó contra el asiento con fiereza.

Sus ojos enrojecidos estaban inyectados en sangre, mostrando una mezcla de incredulidad y furia.

*¿Cuñado?*

*¿Qué le pasaba? Había estado actuando muy raro en los últimos días.*

Cristina se había casado con otro y ya había quedado viuda, y él se había convertido en el esposo de Vania.

Durante los últimos cinco años lo había amado hasta el punto de dar la vida por él, y hoy no solo le daba la espalda y actuaba como si no lo conociera, sino que casi lo dejaba sin herederos.

La mano de Hugo apretó de repente su delicado cuello.

Ninguna mujer lo había llevado al punto de perder tanto el control como para querer estrangularla. Vania debía de haber perdido la cordura para desafiarlo una y otra vez.

¿Quién se creía Julián Herrera para atreverse a codiciar a su mujer?

—¿Tanto lo amas? Ahora que él volvió, ¿quieres deshacerte de mí, eh?

Antes de que Vania pudiera procesar sus palabras, el aire volvió a faltarle en los pulmones.

Esta vez, el beso y los movimientos de Hugo no fueron como los de antes; detrás de su tiranía, había un rastro de ternura.

Era como el sentimiento que guardaba en sus recuerdos.

*Recuerdos...*

*¿Eh?*

Vania quedó mareada por aquel beso arrebatador. Él incluso le mordió los labios, haciendo que un sabor a óxido se esparciera en su boca.

*Ese era el hombre que ella creía conocer.*

Como una bestia. Una bestia salvaje y enfurecida.

Dos horas después, Vania lloraba recostada en el pecho de Hugo.

Él, sin mostrar ninguna emoción en su rostro, se arregló el traje, como si nada hubiera pasado.

Le echó un vistazo a Vania; su ropa estaba inservible.

Con lágrimas en los ojos, Vania trató de mantener toda la distancia posible con Hugo.

Con el saco de Hugo puesto, logró darle un aire de alta costura a la improvisada vestimenta.

Pero ella seguía sumamente irritada.

Llevar puesto su saco irremediablemente levantaría sospechas. *¿Qué mujer respetable se paseaba usando la ropa de un hombre?*

*¿Llevarla así al centro comercial era para humillarla?*

—No iré.

Se mordió el labio inferior ligeramente; una lágrima aún resbalaba por su mejilla.

*¿Qué pretendía con eso?*

*¿Darle un dulce después de un golpe? No, él destrozó su ropa, considerarlo una indemnización era lo justo.*

Hugo recorrió el cuerpo de ella con la mirada.

Aunque había recibido una patada que casi destruye su felicidad por el resto de su vida, se había cobrado con creces en las dos horas siguientes.

De hecho, estaba de un humor excelente y, por lo tanto, con mucha paciencia.

—Haz caso, no querrás ir así a la empresa y que todos te vean descubierta.

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