—Tú ya estás muy viejo, ¿por qué empiezas a decir tonterías? ¿Quién en su sano juicio querría ser tu hijo?
—Vania es mi niña. ¿Acaso me pediste permiso para adoptarla como tu nieta? Además, ¿cuándo pasó eso? ¿Por qué yo no me enteré?
Los dos viejos lobos comenzaron a discutir frente a todos por Vania, ignorando por completo la etiqueta del lugar.
Justo cuando don Zacarías había oficializado a Vania como su nieta adoptiva, el Profesor Zavala se encontraba en el extranjero dando conferencias.
Como nadie en su círculo cercano conocía la verdadera conexión entre él y Vania, obviamente el profesor no se enteró de la noticia.
De hecho, muy poca gente sabía que el profesor había regresado al país. El que se presentara de golpe en la rueda de prensa fue una verdadera sorpresa, incluso para Yago.
Así fue como don Zacarías y el Profesor Zavala se enfrascaron en una pelea de egos.
Desde lejos, Adrián y su grupo notaron que algo andaba mal. Se escuchaba mucho alboroto, como si se estuvieran peleando a gritos.
Cristina Figueroa observaba la escena en silencio. Había reconocido al Profesor Zavala de inmediato; era la máxima autoridad mundial en inteligencia artificial.
El discurso que Vania había dado sobre el escenario contenía terminología técnica del proyecto, y hubo varios conceptos que Cristina no había logrado descifrar.
Sin embargo, Cristina jamás pensó que la culpa fuera de su propia ignorancia. En su mente, Vania simplemente había usado palabras rimbombantes y frases sin sentido bajo las órdenes de Yago para aparentar profesionalismo.
Como la gran mayoría de los asistentes eran gigantes de los negocios o altos mandos del gobierno, ninguno de ellos participaría de forma técnica en el proyecto; en resumen, no entendían un carajo de código o algoritmos.
Ese discurso puramente pretencioso hizo que los ignorantes en la materia la creyeran una erudita. Todo esto, impulsado ciegamente por el deslumbrante respaldo de la familia Leal.
Pero la presencia del Profesor Zavala cambiaba las reglas. Él era como un espejo que mostraba la cruda verdad. Sin duda, lo que Vania había dicho debió enfurecer al viejo maestro.
¡Solo había que ver cómo él y don Zacarías discutían a gritos! Era evidente: el Profesor Zavala debía estar recriminándole al viejo Leal por actuar de manera tan indigna a su edad.

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