Sin Hugo Yáñez rondando, Vania pasó dos días de absoluta tranquilidad.
Tanto en la base como en la Casona Leal, se la veía conversando y riendo animadamente con todos.
La ausencia de Hugo hacía que el ambiente, fuera donde fuera, se sintiera cálido y relajado.
Al atardecer del segundo día, los tonos anaranjados del cielo bañaron los jardines de la antigua casona, dándole a las plantas un resplandor acogedor y encantador.
Hugo apareció en el salón principal justo en el momento en que Vania entraba con paso ligero, acompañada de Yago Leal. Venían de llevar a la pequeña Lunita al parque de diversiones. La niña sostenía un peluche que había ganado en una máquina de garras y no paraba de reír.
Detrás de ellas, la oficial Yara Quiroz llevaba al pequeño Davisito en brazos. Como Yago temía que Yara nunca hubiera cargado a un bebé, caminaba a su lado, vigilando nerviosamente a la mujer y al niño.
Cualquiera que los viera habría pensado que Davisito era hijo de ambos.
Era una escena entrañable, todos tenían sonrisas genuinas en los labios.
Yara incluso apartó la mano de Yago con un manotazo cuando él intentó acariciar la mejilla del bebé.
—No te muevas, es la primera vez que cargo a un niño, no me asustes.
Yago, obediente, no se atrevió a mover un músculo.
El rostro usualmente frío de Yara se iluminó con una sorpresa inmensa cuando Davisito le sonrió.
—Señor Leal, me sonrió —dijo, sin poder ocultar su emoción.
Yara continuó haciéndole gracias al bebé con una suave sonrisa, dejando a Yago completamente embelesado.
—La verdad es que te ves muy bonita cuando sonríes, deberías hacerlo más a menudo.
La sonrisa de Yara se congeló en el acto.
¿Había sonreído?
Rápidamente, recuperó su expresión gélida.
El cambio fue tan brusco que Yago no supo cómo reaccionar.
En ese momento, Hugo Yáñez se acercó.
El rostro de Yara palideció aún más.
Hugo ignoró por completo la pequeña interacción entre ella y Yago. Su mirada estaba fija en el bebé.
—Dámelo.
Yara dudó un instante y miró a Yago buscando aprobación.
Hugo le lanzó una mirada fulminante. Yago, sin querer iniciar un conflicto, le dio un leve asentimiento a Yara.
La oficial puso al niño en los brazos de Hugo.
—Parece que la oficial Quiroz y el señor Leal se llevan bastante bien —soltó Hugo, con evidente sarcasmo.
Las palabras golpearon a Yara. Sus pupilas temblaron, le lanzó a Yago una mirada cargada de furia y se apresuró a buscar a Vania.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...