El murmullo de las conversaciones a su alrededor hizo que Vania se tensara por completo, y la irritación en su pecho creció como una marea.
Algunos la miraban con dudas, otros como si acabaran de entenderlo todo, y muchos con el morboso interés de quien asiste a un espectáculo, fijando sus ojos una y otra vez en el hombre alto y de porte aristocrático que estaba a su lado.
Hugo fingía no escuchar nada. Su largo brazo seguía rodeando la curva de la cintura de Vania de forma protectora, con una suavidad que ocultaba una fuerza implacable, creando una barrera de la que le era imposible escapar.
Sus dedos rozaban levemente la curva de su cintura a través de la fina tela del vestido. Hugo pudo sentir al instante cómo el cuerpo de ella se ponía rígido, rechazando su toque, y un fugaz destello de diversión y picardía cruzó por sus ojos.
El pequeño Davisito, seguro en los brazos de Vania, por fin había encontrado la paz. Su cabecita descansaba tiernamente en el hombro de su madre, con sus largas pestañas caídas, luciendo tan adorable que derretiría cualquier corazón.
—Sube.
Vania pronunció la palabra entre dientes.
La mirada de Hugo se suavizó al instante. Toda la fría distancia y arrogancia con la que miraba a los demás desapareció sin dejar rastro, reemplazada por un océano de ternura y devoción. Se inclinó ligeramente, moviéndose con tanto cuidado por miedo a despertar al niño, y rozó con la yema de sus dedos la mejilla tibia de Davisito. Su voz era profunda y cálida:
—Iré contigo y con Davisito.
Hugo no tenía la menor intención de ceder. Mantenía su postura erguida, con una leve sonrisa dibujada en los labios, luciendo como el retrato perfecto del esposo amoroso y el padre ejemplar.
Yago, observando la escena desde un lado, solo pudo soltar un suspiro interno.
Conocía demasiado bien las artimañas de Hugo. Su mayor talento era imponer su presencia y reclamar su lugar sin hacer el menor esfuerzo. Adoptaba una actitud humilde, cumplía a la perfección con la cortesía, y con cada paso te arrinconaba hasta dejarte sin argumentos para rechazarlo.
Toda la familia Leal sabía que se estaba quedando a la fuerza para no despegarse de Vania, pero era imposible encontrarle un solo defecto para echarlo.
—Se nota que el señor Yáñez adora a sus hijos. Un hombre tan joven, exitoso, millonario y que encima esté tan apegado a su esposa... eso ya no se ve todos los días.
—Y pensar que todo internet aseguraba que él y Cristina tenían un romance épico. Todos los años eran tendencia. Ahora resulta que todo debió ser un montaje de la prensa. A quien realmente adora es a la señorita Zapata y a sus hijos.
—¡Qué sorpresa que el señor Yáñez sea el esposo de la señorita Zapata! Hay que ver lo bien que ella supo guardar el secreto. Tener a un hombre tan increíble a su lado y no presumirlo... qué aguante.
Todos esos comentarios llegaban nítidos a los oídos de Vania, poniéndole los nervios de punta.
*¿Quién escondía a quién?*
Apretó los labios para contener la furia que hervía en su interior y bajó la voz, usando un tono helado que solo él pudiera escuchar:
—Hugo, ya fue suficiente.
¿Qué demonios intentaba demostrar? Arrastrando los pies para que todos pensaran que era el marido perfecto y el padre más devoto.
Ahora Vania estaba quedando como la mujer fría que se negaba a reconocer a su increíble esposo en público.
Le parecía ridículo.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...