—¿Ya terminó? Si no hay nada más, me retiro.
Hugo tomó a su hijo dispuesto a irse, dejando a Sonia con una opresión insoportable en el pecho.
—¿Y no vas a hacer nada por César? ¿Hasta cuándo planea quedarse escondido?
Sonia estaba desesperada y furiosa.
Hugo no le decía nada, no le explicaba nada. E incluso César, el hijo menor que antes obedecía todas sus palabras...
Había fingido su muerte durante seis años en el extranjero sin siquiera darle una explicación.
Ni siquiera se había contactado con su propia madre en todo ese tiempo.
¿Qué error tan grande había cometido ella para merecer eso?
Hugo miró al pequeño Davisito en sus brazos, que ya estaba lleno y cerraba los ojitos a punto de dormirse. Sostuvo el cuerpecito del bebé con una mano y con la otra tomó su abrigo del sofá, dándose la vuelta para salir de la mansión Yáñez sin dudarlo.
Las quejas, preguntas y decepciones de Sonia quedaron ahogadas tras las pesadas puertas de madera tallada.
El Maybach negro salió con suavidad de la exclusiva zona residencial. En el interior del auto reinaba el silencio, solo interrumpido por el leve zumbido del aire acondicionado. El pequeño Davisito iba recostado en el regazo de Hugo, blandito y cálido, chasqueando los labios en sueños de vez en cuando. Miguel, el chofer, vio por el retrovisor algo que lo dejó boquiabierto: el imponente jefe estaba sonriendo.
Hugo bajó la mirada hacia el rostro sereno de su hijo. Levantó la mano y, con la yema del pulgar, acarició suavemente el fino cabello del bebé, con un gesto lleno de reverencia y cuidado.
El auto avanzó a toda velocidad, directo hacia la Casona Leal.
Aunque la antigua mansión no pudo ser restaurada exactamente a su estado original, lucía deslumbrante, con todas sus luces encendidas y un aire renovado que dejó bastante satisfecho a Don Zacarías.
Vania ya había llamado para preguntar por él.
Ella había regresado a la casa de los Leal.
Don Zacarías había organizado una pequeña cena familiar. No era nada masivo, pero reunía a varios parientes, amigos cercanos y miembros más jóvenes de la familia. El ambiente era alegre y cálido.
El patio estaba repleto de vegetación frondosa, la brisa recorría los pasillos y sobre las mesas de piedra tallada descansaban finos postres. Todas las luces exteriores iluminaban el lugar.
Vania estaba sentada junto a un ventanal, con la espalda recta y una expresión tranquila.
Llevaba un vestido sencillo y elegante de color claro, con el cabello recogido sin esfuerzo, dejando a la vista la delicada y perfecta línea de su cuello. Su porte era pulcro y sereno.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...