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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 114

De inmediato, a Regino se le subió un coraje protector.

Y para colmo, Tristán todavía se acercó con una sonrisa servil, sin tantita pena.

—Don Regino, yo sabía que usted es una persona razonable. Si hay algún malentendido entre nosotros, lo arreglamos aquí mismo…

—¡Lárgate!

Regino cambió la cara otra vez y soltó un grito con una fuerza que retumbó.

Los miró a los tres con asco y se burló:

—¿Malentendido con quién? ¡Ustedes no son nada! ¡Una bola de ridículos!

A los Zúñiga se les congeló la sonrisa.

Se quedaron en blanco.

¿Qué… qué estaba pasando?

El cambio fue tan brusco que parecía un golpe.

Hasta que Regino se dio la vuelta para entrar hacia el patio interior de La Cúpula Dorada con su gente, ellos reaccionaron.

Ni siquiera alcanzaron a decir algo cuando Regino ordenó, con voz fría:

—Gabriel, pon atención. No dejes que estos tipos nos arruinen la cena.

Los Zúñiga, aturdidos, todavía intentaron acercarse.

Pero el gerente general, Gabriel, ya les cerró el paso con una sonrisa profesional, amable… pero con filo.

—Señor Zúñiga, si desean seguir cenando en La Cúpula Dorada, les pido que mantengan la calma y la compostura. Regresen a su mesa y no vuelvan a hacer ninguna escena. Si vuelven a molestar a otros invitados, tendremos que pedirles que se retiren.

Los tres se tragaron la humillación, rojos de vergüenza, y bajo las miradas y murmullos de los demás, regresaron a su mesa hechos polvo.

No podían permitirse que los corrieran.

Esa era su última esperanza.

Cuando llegaron, Catalina ya estaba sentada, con los ojos rojos, mirándolos.

En cuanto los vio, se levantó y se acercó llorando.

Capítulo 114 1

Capítulo 114 2

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