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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 115

El tiempo pasó, minuto a minuto.

Los Zúñiga se asomaban una y otra vez… y no veían a nadie de la familia Ibarra.

Se les entumieron las piernas de estar parados, pero no se atrevían a irse.

Si se iban y justo en ese momento pasaban los Ibarra, lo perdían todo.

Dana, con tacones, ya traía las piernas molidas. De la frustración, levantó el pie y pateó la pared para desquitarse.

Pero con las piernas temblándole, el movimiento la desbalanceó antes de alcanzar la pared…

—¡Ay!

—¡Pum!

Junto con su grito, se oyó el golpazo de platos y recipientes estrellándose en el piso, con un escándalo de porcelana rota.

Por suerte, Catalina alcanzó a sostenerla y evitó que se fuera al suelo.

Dana alzó la cabeza de golpe y vio a un señor mayor con uniforme blanco de chef. A sus pies, un recipiente de sopa se había roto; el caldo y los ingredientes quedaron regados, y hasta le salpicó unas gotas a la falda de Dana.

—Ay, no… mi vestido… —se quejó Dana, con el corazón encogido.

Ese vestido era edición limitada; se lo había puesto especialmente para venir a un lugar tan fino como La Cúpula Dorada.

Y al ver que el de enfrente “solo” era un cocinero, le aventó encima toda la rabia que traía atorada.

—¡¿Estás ciego o qué?! ¿Sabes cuánto cuesta este vestido? ¿Me lo ensucias y crees que lo vas a poder pagar?

El chef miró el desastre en el piso, con el ceño fruncido.

—Señora, usted fue la que se me vino encima y tiró la sopa. Yo ni le pedí que me pagara… y todavía me reclama.

Dana, concentrada en la mancha de grasa, soltó un bufido con desprecio.

—¿Una sopa? ¿Qué tanto puede costar? ¿Cómo la vas a comparar con un vestido edición limitada?

Hasta acomodó la bolsa para que se notara el logo, en dirección a Kiara, y luego puso una cara de “me da tanta lástima”.

—Kiara, con tal de quedarse en Clarosol, terminó trabajando aquí… y ya hasta la trajeron al área VIP a servir platillos…

Dana cambió el gesto.

—¡Con razón! ¡Esa mugrosa es pura mala suerte! ¡Siempre que aparece, algo sale mal! Por su culpa casi me caigo y casi me baño en sopa.

Luego jaló a Catalina.

—Cata, tú ni te acerques. No se te vaya a pegar lo corriente… y su mala vibra.

—Espérense —Samuel se quedó viendo, ido, a la chica del mandil. Aun así se veía impecable, bonita, llamativa.

Se le encendieron los ojos.

—¿Están tontos o qué? Si Kiara ya se metió al área VIP, para nosotros eso es… una oportunidad que nos cayó del cielo.

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