Alrededor no se oía más que burla y dudas.
Nadie se creía que una chavita que apenas parecía mayor de edad pudiera enfrentar a un grupo de pilotos de nivel profesional.
—Kiara, yo nunca había escuchado que tú supieras correr —Patricio la miró con frialdad, evaluándola—. Si de verdad sabes… ¿por qué nunca dijiste que querías meterte a correr?
—Tú sabes que a mí me encantan las carreras. Si en aquel entonces me hubieras mostrado lo que sabes, tal vez… no habrías tenido que salirte de la familia Zúñiga.
Kiara lo oyó y hasta le dio risa.
Estos hombres… de verdad, uno peor que el otro.
Ricardo decía que, si ella hubiera mostrado antes su habilidad como doctora, no le habría ido tan mal en la familia Zúñiga.
Y ahora Patricio decía que, si ella hubiera mostrado antes su “talento” para correr, él la habría protegido más, le habría dado “derecho” a quedarse.
Pero… ¿Catalina sabía medicina?
¿Catalina sabía correr?
—Patricio, ¿quieres saber por qué? —Kiara sonrió, preciosa, pero con los ojos llenos de burla—. Porque me dan flojera. Son una bola de mediocres.
—Una bola de mediocres jugando carreritas chafas, ¿y todavía creen que valen como para que yo me suba?
—Mejor ni le muevo, no vaya a lastimarles su orgullo… y luego les da pena.
El tono, lleno de desprecio, le fue apagando la cara a Patricio. En sus ojos se le juntó una oscuridad pesada.
Apretó el puño:
—¡Kiara!
¿Se estaba burlando de su nivel?
Ella estuvo con él cuatro años. ¿Cómo no iba a saber que él ya tenía certificación, que ya era piloto profesional?
Tenía nombre en el medio.
Hasta en su club había varios que no le ganaban.
¿Y ella decía que era malo? ¿Que era basura?
Patricio se rió, pero de coraje, con la mirada negra:

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste